El intento de reforma de la Constitución, viene con mal olor...

El intento de reformar la Constitución, viene con mal olor…. Abandonar la democracia, ambiente pacifico para resolver los problemas, presupone dejar la construcción del propio destino en manos de un dictador, quien, por lo general, se arropa, hasta conseguir todo el poder, en un poncho de cordero. Negando la acción creadora del hombre impone desde el Estado, por ley o de facto, el fin de la propiedad privada y el fin de los valores que permiten la creación de riqueza y el progreso social espontáneo. El gobernante autoritario intenta, apelando a primarias emociones, controlar, si no hay otros poderes que se lo impidan, a toda la sociedad. Es así como los tenues controles iniciales se vuelven opresivos para la economía, la persona y la cultura. En Latinoamérica, hay intentos de volver a dictaduras, pero, aunque se trate de terminar con la democracia , los países que han conocido, aunque livianamente, el goce de la libertad, de la libre expresión, no aceptarán, si no es por el terror, que se combata desde el Estado la existencia autónoma de la opinión. Lo observamos, en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador y también en la Argentina. No se podrá por mucho tiempo mantener un régimen basado en el miedo y la mentira. Hoy gozamos de medios modernos que impiden la doctrina y el pensamiento único. En los totalitarismos y autoritarismos pasados, la escuela era elemental para adoctrinar, pero hoy no basta. En un mundo planetario, y gracias a las comunicaciones modernas, producto del sistema capitalista democrático- las cosas se saben, se discuten y salen a la luz. Es improductivo pasar por encima de los derechos individuales y leyes fundamentales reconocidos por la Constitución. El Estado debe proteger a las autoridades que imponen el orden, dentro de un régimen jurídico social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, en poderes limitados de los que gobiernan, y en la guía de la Ley fundamental. También proteger, especialmente, a las minorías que llaman la atención de los gobernantes cuando se extralimitan. La reforma apresurada de las constituciones, decretos o resoluciones que afecten disposiciones constitucionales, debieran evitarse, para dar a ciudadanos y extranjeros que quieran vivir o invertir en el país, la confianza en que cualquiera sea el que gobierne, será dentro del estado de derecho. Reformar nuestra Carta Magna, sin una discusión matizada por tiempo y responsabilidad, puede significar la destrucción del sistema que defiende.. Hoy se están vulnerando derechos fundamentales como el de trabajar, ejercer toda actividad lícita, de comerciar y, otros. Más aún: se convierte en institucional toda acción de gobierno que viole algún derecho reconocido por la Constitución. Necesitamos jueces que cumplan con su deber: velar por el sistema normativo, invalidando todo lo que se haga en su contra. Es común que los gobiernos populistas redistribuyan: quiten a unos para dar a otros beneficiando a sus preferidos a costa de imponer cargas a quienes proveen con su trabajo al Estado vampiro. Esto se enfrenta al principio de inviolabilidad de la propiedad. Los países donde el gobierno es el que reparte planificando la economía, distribuyen con criterio político, no económico ni igualitario. Los funcionarios deciden autoritariamente la distribución de la riqueza lograda por todos los que trabajan y permiten el funcionamiento de la sociedad. Es diferente en los países donde el sistema democrático y capitalista funciona: allí son las empresas, los trabajadores, las asociaciones, la gente, la que reparte, invirtiendo y ahorrando parte de lo que ganan. Los gobernantes que rechazan la democracia y al capitalismo, hacen crecer enormemente al Estado, de manera que, éste, se inmiscuye, cada vez más, en las decisiones de la sociedad civil, se apropia de la mayoría de las empresas, y se hace cargo de todos los detalles de la estructura económica. Disminuye al mínimo las bases de la democracia: opinión pública institucionalizada, seguridad jurídica, y el ejercicio democrático del poder judicial y del Congreso. Controlan y regulan las corporaciones de trabajadores, estudiantes, empresarios, profesionales, intelectuales y universitarios. Hoy en Argentina, se está abandonando el contexto democrático donde las demandas pasan por partidos consolidados y con políticas alternativas a las del gobierno. Como en Venezuela, los ciudadanos nos hemos convertido en rehenes de una concepción autoritaria que lleva a hacer creer que la libertad de elegir es parte de una concepción egoísta que olvida el interés colectivo. El empresario es despreciado por su interés en obtener ganancia. Hasta los chicos hacen piquetes en los colegios con carteles en contra del lucro y del dinero y a favor de la acción estatal en su contra. Esperemos que la oposición logre unirse, esta vez, y defienda la preservación de los principios de la Constitución que, seguramente, se verán amenazados si se logra la reforma que promueve el oficialismo. El progreso está ligado al cambio de un sistema cerrado, de un Estado apropiador de la riqueza de la sociedad civil, que depende de las decisiones autoritarias de un Gran Hermano, por otro abierto y descentralizado. Con él las instituciones se hacen más eficientes, tanto en política, como en economía, ciencia y cultura y las personas pueden decidir libremente su futuro. Las desigualdades del mercado las provoca la gente, las arbitrarias de los regímenes tiránicos, la pretendida omnisciencia de los gobernantes. Recordemos: el sistema socialista real, el nacional-socialismo, y los nacionalismos populares terminaron con el estado de derecho y con una justicia independiente, si la hubo, porque la política estuvo por encima de la Ley. De que se multipliquen los enamorados de la libertad depende que así no sea. Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”.Lumiere.2006) evaleronarvaez@hotmail.com

¿vox populi, vox dei?

¿Vox populi, vox dei? Mirando hacia varios países de América Latina, Bolivia, Venezuela, Ecuador y, ya podemos incluir a la Argentina, nos damos cuenta que las mayorías no siempre tienen razón. Y eso, sin recurrir al ejemplo paradigmático del voto mayoritario, que permitió a Hitler llegar al poder. Los gobernantes de esos países, por acceder a la presidencia de la mano de la mayoría, creen que pueden gobernar como quieren, sin respetar las normas democráticas, saltando, una y otra vez, por encima de ellas. No se preocuparon, una vez llegados al poder, por cómo debe gobernarse en un sistema democrático. A las pruebas me remito: en todos esos países, se intenta acallar la voz de la prensa independiente. Evitar la tiranía fue la preocupación de los padres de la Constitución de 1853. Hay valores que la sociedad y los gobernantes deben defender a toda costa, ellos están enunciados en ella. La concepción filosófica que la hizo posible es liberal: Todas sus disposiciones tienen fe en la libertad, por eso, la limitación del poder es condición necesaria para combatir la dictadura. Los tiranos hacen colaborar a la fuerza y acatar las medidas anticonstitucionales en silencio. Dejan de responder por sus actos de gobierno, por lo tanto, también desisten de ser responsable por ellos. Se convierten en gobernantes omniscientes, pretendiendo dirigir la vida de los gobernados, hasta el punto de olvidar uno de los derechos mas importantes: el de forjar el propio destino, el tener, incluso, el derecho a equivocarse. El deber del estado democrático es reverenciar los derechos individuales y garantizarlos, respetando la dignidad de las personas, de todas, no solamente la de la mayoría. También, por ello, debe limitar la libertad, solo lo suficiente, como para que no se pueda perjudicar a los demás. El hombre se deja impulsar más por las pasiones que por la razón, pero, el sistema democrático lleva a que se intente ser menos irracional. Por ejemplo, el hecho de que haya libertad de prensa permite, que todas las opiniones salgan a la palestra. Acepta la crítica de las acciones del gobierno y ayuda, de este modo, a mejorarlas por medio de mejores propuestas. Sin libertad para compartir lo que pensamos no podemos llevar a la práctica nuestras ideas, necesitamos, también, de la crítica, para poder cambiarlas o corregirlas. Es indispensable que la opinión pública esté institucionalizada o sea permitida por el poder político. Necesitamos de las razones que avalan una opinión y de las que la refutan. Así se progresa y aprende, como sucede, también, en el campo científico. Vemos, con qué ligereza los gobernantes autoritarios de América Latina, se prenden del micrófono, en actitud antisocrática, pretendiendo saberlo y explicarlo todo, olvidando, que los seres humanos nos movemos dentro del terreno de la conjetura. Debieran ser mucho más humildes, permitir el disenso, y contrastar sus opiniones con la realidad. Karl Popper definió lo decisivo en una democracia: la posibilidad de destituir al gobierno sin derramamiento de sangre , por medio del voto. Todo gobierno que puede ser derrocado conserva un fuerte estímulo para actuar de manera que satisfaga a la gente. Y ese estimulo desaparece cuando el gobierno sabe que no se lo puede destituir fácilmente. Es por eso, que los gobiernos latinoamericanos, intentando perpetuarse en el poder, debilitan los pilares de la democracia: la opinión pública y el sistema de partidos. Cambian, una vez llegados al poder, la filosofía liberal por una nacional-socialista, intervencionista, estatista. De esta manera dejan a la sociedad sin autodefensa, sumando, para conseguirlo, la tecnología moderna que les proporciona el Estado. Llevan a la economía a los viejos esquemas, donde las empresas operan aisladas de la competencia y con restricciones a la importación y a la exportación. El Estado deja de ser garante del derecho de libre comercio para propiciar una economía cerrada, volcada hacia el mercado interno, sofocando la iniciativa privada. El fracaso, en todos los casos, se hace sentir con sobre-exigencia de la sociedad hacia el gobierno, en materia de políticas sociales y de ingresos. Además, con estas políticas de redistribución estatal, se pretende repartir sin que aumente la producción y la productividad, las cuales, sin inyección de capital, son imposibles. A pesar de todo somos muchos los optimistas: el futuro está abierto de par en par y depende de nosotros. La Constitución permite resistir a un régimen político injusto, a una tiranía que no respete la libertad y otros importantes derechos individuales, que permiten el desarrollo pleno de las personas. Los presidentes autoritarios o en vías de serlo, olvidan que en América Latina, hay ejemplos de países más exitosos porque han dejado de desear lo nocivo: el Estado de Bienestar. Éste, opaca la libertad y creatividad humana con su canto de sirena, resumido en que se debe esperar todo del Estado. Se han percatado que por ese camino se llega a la dictadura, a la pérdida del más importante de los valores: la libertad. No es fácil ser libre, uno es responsable de sus elecciones, debe construirse por sí mismo pero, es mucho mejor, que depender de un Estado, el cual, en nombre de satisfacer las necesidades de las personas, se apropia de sus vidas y de su libertad, convirtiéndolas en ovejas, a las que puede manipular a su antojo. Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsulo Argentino”. Lumiere.2006) evaleronarvaez@hotmail.com

En el trapecio y sin red…

Las demandas que hacen, el líder camionero Hugo Moyano y otros jefes sindicales, más allá de los fines políticos que se le atribuyen, muestran que en un futuro, cada vez más próximo, el Gobierno se verá en serias dificultades para controlar la situación de protesta que ha creado. El descontento se extenderá, en la medida que se eleve el costo de vida y pierda valor el peso, por el aumento del índice inflacionario. La crisis que se avecina, de la que dan cuenta varias manifestaciones populares, es producto de una política dirigista que –como otras veces en el pasado- terminó en la necesidad de emisión monetaria y su consecuencia: la inflación. Este fenómeno nos aleja de la competencia con el mundo, entre otras cosas, por el aumento de los precios y de los costos internos. El manejo de la economía desde la casa de gobierno, no ha permitido aprovechar la producción del sector agrario por las restricciones a la exportación. Por otra parte, un país con recursos energéticos, como es Argentina, se ha visto en la necesidad de importar petróleo, gas, y combustibles, a precios muy elevados. Se generó, así, un enorme déficit energético que va a costarnos cerca de catorce mil millones de dólares en importaciones, cuando hace solo tres o cuatro años teníamos un balance comercial energético positivo. Por erróneas políticas, basadas en un nacionalismo obsoleto, se abandonaron las medidas tomadas en la década del 90, llamadas despectivamente, neoliberales, que nos permitieron exportar petróleo y autoabastecernos. El Banco Central dejo su función de proteger la moneda y está agotando aceleradamente sus reservas, por la fuga de capitales y el atesoramiento en divisas. Ello se debe a la desconfianza de los agentes económicos en la moneda local. El gobierno repite, que el Banco Central tiene 47.000 millones de dólares de reservas, cuando éstas ya no estarían alcanzando a 25.000 millones de dólares, si se consideran las obligaciones que esa entidad financiera tiene por delante. Ante los problemas que se están anunciando con claridad, no hay voces que se preocupen por las soluciones que se necesitarán cuando la situación exija tomar medidas con rapidez. La inflación está, poco a poco, paralizando al país, los precios se elevan, escasean las divisas, y el desprestigio internacional, como la crisis que se avecina, es cada vez más evidente. Esto muestra, a las claras. que no es el sistema de libertad económica el que produce estos problemas, sino el basado en las ideas kirchneristas: un puchero de nacionalismo, socialismo e intervencionismo, similar al que sufrimos con diferentes gobiernos desde 1943 en adelante. No ha habido freno para el gasto público -ya es superior al 45% del PBI- si nos atenemos a los compromisos del gobierno, como el de enviar los recursos que necesitan las provincias para cumplir con sus obligaciones. Además, no deja de destinarse cada vez más dinero a fines arbitrarios, los cuales, no tienen en la mira las necesidades más urgentes de la gente, sino, .un afán electoralista. En vez de buscar soluciones se acentúan los controles, se persigue a los productores, comerciantes, y al ciudadano común, como lo observamos, recientemente, con las medidas destinadas a evitar que salieran dólares del país. Los argentinos aún no aprendimos que de la dictadura económica se pasa a la restricción de las libertades individuales. La democracia asociada al sistema capitalista modificó radicalmente el panorama de la vida humana en Occidente, y está repercutiendo en todo el planeta. Argentina se modernizó impulsada por “ciudadanos del mundo” como lo eran Alberdi, Sarmiento y Mitre. Los gobiernos que abrazan al socialismo y al nacionalismo se vuelven totalitarios o populistas porque con políticas reaccionarias, combaten el capital, el dinero, la propiedad privada, la libertad de prensa, la limitaron de los poderes al gobierno, la igualdad jurídica y el mercado. Esos regímenes produjeron enormes fracasos oprimiendo y explotando a los sectores obreros. La “dictadura del proletariado” jamás se hizo realidad. Fue la “intelligenzia” la que dirigió los sistemas socialistas. Tampoco hubo “emancipación de la clase obrera” porque el socialismo exige terminar con la espontaneidad de la sociedad civil, su modo de gobernar se basa en mandatos autoritarios. Ello, presupone, un poder absoluto. Quienes defienden gobernantes autoritarios olvidan que Lenin y Trotsky establecieron penas de cárcel y campos de concentración para los trabajadores, quienes se hallaban obligados a cumplir cualquier orden de los jefes del Partido. Este, y otros innumerables y similares ejemplos que debemos a las experiencias del socialismo real, deberían instar a los trabajadores a defender, con ahínco y decisión, la democracia y las instituciones del país, oponerse a los monopolios estatales, a las estatizaciones y al avance del Estado sobre toda actividad económica. También, a promover la libertad de agremiación y frenar cualquier acción del gobierno tendiente a debilitar a la sociedad civil, porque allí están las fuerzas que combaten la concentración de poder que lleva a la opresión y las que evitan la pobreza. Son también los trabajadores los primeros que tendrían que denunciar la peor estafa a la que son sometidos: la emisión de moneda sin respaldo para cubrir enormes gastos públicos y déficits crónicos que corroen sus salarios y el producto de su trabajo. Si observamos cuáles son las políticas de los países de mejor calidad de vida del mundo, que hoy se encuentran a la avanzada del progreso y la civilización, veremos que se basan en una economía de mercado. Solo es posible en un sistema de libertad y competencia, en todos los órdenes, y donde el Estado cumple con sus funciones especificas, que en nuestro caso están claramente delimitadas en la Constitución Nacional. Elena Valero Narváez. (Autora de “El crepúsculo Argentino” Lumiere . 2006) evaleronarvaez@hotmail.com

El gobierno no sabe donde tirar la pelota, no ve el arco…

La falta de seguridad en lo que sucederá a mediano plazo, las dudas acerca de las opciones que se nos presentan, no saber cual puede ser una medida correcta, se denomina incertidumbre. Eso es lo que sentimos la mayoría de los argentinos ante las erráticas decisiones y declaraciones de los miembros del gobierno. La incompetencia de quienes están a cargo, nos está produciendo un estado de desasosiego que puede convertirse en una reacción desfavorable hacia quienes creen que aún cuentan con la mayoría. En los últimos días, la incontinencia verbal manifiesta, tanto de la Presidente como la de su gabinete, muestra el desconcierto que también existe dentro del grupo gobernante. Cristina Kirchner, rodeada de funcionarios y personas a las que no les cuesta doblar las rodillas, en señal de sumisión absoluta, para mantenerse cerca del poder, generador de favores y dádivas, no advierte, que ya no le alcanza el precio de la soja para esconder la indisposición moral, política, y económica, de su gobierno. No aprecia la realidad tal cual es, intenta crear desde el Estado una, a su medida. No sabemos si por falta de datos o, por ofuscación, implementa políticas que han llevado a nuestro país, en el pasado, al fracaso. Se equivocó el Gobierno porque, su intervención, fue siempre en contra del mercado. Está destruyendo las relaciones propias de la sociedad civil, incluso, las instituciones políticas y, poniendo en coma, también, al sector más productivo: el agropecuario. Pero, si el objetivo es lograr una sociedad tan genuflexa como sus ministros, se equivoca. Los argentinos ya ven que se les agujereó el bolsillo. El inducir, autoritariamente, a la sociedad a que actúe según las necesidades de un Estado constrictor, ha provocado que muchos argentinos hayan decidido salir a protestar a la calle. Los recientes cacerolazos, denotan, que están dejando la pasividad con que recibieron los golpes a la libertad de pensamiento, a hacer lo que quieren con el producto de su trabajo, y a poder llegar a fin de mes con el salario. Los ciudadanos de nuestro país ya no son los mismos de antes. Recuerdan, como los alemanes, los períodos de índice de inflación elevada y las consecuencias. Aprendieron que no se puede progresar sin buena información, por eso no aceptan la uniformidad de la opinión. También están al tanto de que los gobiernos que proponen autarquía económica, los conducen a comprar más caro y de peor calidad, que los controles de precios no funcionan y que los gobernantes que quieren perpetuarse en el poder lo hacen mediante promesas demagógicas, incumplibles. Es de esperar que la oposición no copie las maneras antidemocráticas de los funcionarios actuales, la democracia no es la panacea pero, hasta ahora, es el mejor sistema político. Nos permite, mediante un medio pacífico como es el sufragio, sacarnos de encima a gobernantes incompetentes y autoritarios. Debemos aumentar los grados de democracia, exigiendo, a los que gobiernen que no eliminen o debiliten, una vez llegados al poder, a las fuerzas opositoras. Y, que convivan con ellas, en armonía, permitiéndoles, por medio de la crítica, el control y la visualización del error a los actos de gobierno. Así se aprende. El gobierno kirchnerista no se da cuenta que, sin condiciones para que la gente decida arriesgar su capital, no hay progreso económico. La principal condición es la división de poderes: permite la acción electiva propia de las sociedades abiertas. La experiencia histórica nos muestra que un “plus” de Estado, como lo estamos teniendo en la Argentina, lleva a la destrucción de valores democráticos, de la ética del trabajo y del deseo de emprender desafíos aceptando la competencia y la posibilidad del fracaso, como también, la de crear nuevas riquezas que mejoran la calidad de vida, en general. Es de esperar que la reacción opositora sea saludable y no se base, como hasta ahora, en el amor a la redistribución ejercida por el Gobierno. Ello implicaría, más de lo mismo. No podemos vivir del Estado ni de la generosidad de los países ricos, debemos ser los artífices de nuestro propio destino. Abrir las puertas, a la comunidad internacional, para que mediante un marco legal, que iguale a capital nacional y extranjero, puedan invertir en nuestro país. El Estado, por su parte, tiene que cumplir su función esencial: hacer respetar el marco normativo liberal que impera en las bases de nuestra Constitución, derogando todas las leyes que no respetan sus principios. Es la mejor manera, de salvarnos de un posible naufragio. Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino” Lumiere .2006) evaleronarvaez@hotmail.com

Una grave enfermedad

La Argentina se ha contagiado de populismo. Compró los exaltados discursos de la Presidente, donde, con fe nacionalista, disminuye la importancia que tiene la interrelación con el mundo, en la elevación de la calidad de vida de la gente. Ante el aplauso, casi obligatorio, de los invitados a los actos proselitistas que realiza, enumera, las cada vez más amplias medidas, que conducen al aislamiento internacional: esta política hostil hacia los países mas desarrollados aleja a los capitales y aumenta la desinversión. El incumplimiento de las normas y acuerdos estipulados con otros países, nos está convirtiendo en parias que pretenden vivir sin que nos importe cooperar, codo a codo, con el resto de naciones democráticas, en la consolidación de un sistema internacional que nos permita, a todos los habitantes del planeta, resolver o morigerar los problemas de este siglo. Por el contrario, la Presidente y sus ministros, elegidos a imagen y semejanza, crean conflictos donde no los hay, como ha sido el tema de Malvinas. No se intentó, mediante el diálogo, como se había hecho antes, una relación amistosa para resolver el problema, tanto con Inglaterra, como con los habitantes de Malvinas. Se tomó como bandera su recuperación, para hacer aflorar “el patrioterismo”, lo peor del nacionalismo autóctono y, así, tapar las críticas al Gobierno por, entre otros hechos, la tragedia ferroviaria ocurrida en la estación de Once. En el orden interno continúa revirtiéndose el resultado de la lucha entre las fuerzas armadas y terroristas. De golpe y porrazo, se humilló a quienes fueron los vencedores: militares, jueces, y funcionarios, que actuaron en los gobiernos de facto y también en gobiernos constitucionales que combatieron la guerrilla. Se impartió justicia renga: solo para los terroristas. Hoy, varios de ellos forman parte del Gobierno, mientras que hay militares y civiles que, después de años presos, continúan sin sentencia, muriendo en la cárcel. La Presidente olvida, que la juventud que defiende y de la que orgullosa dice formar parte, secuestraba, torturaba, juzgaba, asesinaba y avasallaba a sus víctimas , sin piedad. Guillermo Sallustro, Pedro Eugenio Aramburu, Argentino del Valle Larrabure, Arturo Mor Roig y tantas otras personas respetables, fueron fríamente ultimadas por esos jóvenes que comulgaban con ideas marxistas, maoístas y ultra-nacionalistas. Creyeron que nobles ideales los autorizaba a matar y a no medir las consecuencias. Pensaban implementar, si llegaban al poder, un sistema totalitario como el de Cuba, país que admiraban y donde se entrenaban para la lucha armada. Sin pretender justificar los excesos en que incurrieron los militares, no se puede olvidar, que no iniciaron los actos de violencia y que muchos de ellos dieron su vida para intentar evitar el terrorismo y los horrores que trae siempre en su cola. El kirchnerismo, también, en su ansía totalitaria, de dominar completamente a la sociedad y lograr el beneplácito que vemos en los actos de gobierno, de parte de funcionarios, intelectuales, empresarios, jueces, sindicalistas, actores y actrices oficialistas, intenta destruir el sistema de partidos que permitiría la alternancia en el poder. Corrompe la política, presionando a legisladores de la oposición para que se pasen a sus filas o que voten los proyectos del gobierno y asfixia, financieramente, a gobernadores tibios en su apoyo, como también, al Jefe de Gobierno de la Ciudad por su pretensión de competir para alcanzar la presidencia. Un caso paradojal es el del ex presidente Menem. Evidentemente- lo he entrevistado varias veces- no piensa que el plan del gobierno sea el correcto. Sabe que la actual política económica lleva a la desinversión y a la desconfianza internacional y en el plano interno a más inflación y más pobreza. Como presidente cambió el rumbo económico estatista y dirigista, en 180 grados, al darse cuenta que a la riqueza no la crea el Estado sino la actividad privada. Fue por eso que llegaron inversores. Sin embargo, en la actualidad, apoya al gobierno destructor de la propiedad privada - que lleva en su vientre la libertad y la limitación de los poderes- estatizando o, quitándole su riqueza. Son cada vez más los que se dejan dominar ante los métodos mafiosos del Gobierno. En muchos casos es porque no sienten que funcione la división de poderes. Son pocos, en la Argentina, los que se creen protegidos por la Justicia, la cual, en buena porción, se ha abandonado en los brazos del ejecutivo, tal, como parte importante del poder legislativo. Cristina Kirchner ha llevado la política, también, al mercado. Actúa enredado y sometido a su voluntad. Es así como vemos a empresarios ligados al gobierno que reciben privilegios inmerecidos y a improvisados personajes convertidos en empresarios de actividades que no conocen gracias a contactos políticos. Por si fuera poco se ha reducido, peligrosamente, la opinión pública, un pilar importante de la democracia: los canales de televisión, la radio y la prensa escrita con excepción de La Nación , Clarín, y pocos más, se cuidan de criticar al Gobierno. En este escenario, producto de una vuelta al populismo, el Estado corrompido, desparrama corrupción al resto de la sociedad a medida que la arbitrariedad y la concentración del poder aumentan. Pronto, nos veremos con el peligro de que el Gobierno ejerza el control, de los que no aplauden, por medio de métodos autoritarios, alejados de los principios que, en general, ha defendido la cultura occidental: Libertad, Democracia y Justicia. Elena Valero Narváez (Autora de “El Crepúsculo Argentino”. Lumiere, 2006) evaleronarvaez@hotmail.com

La Cámpora y su héroe

“En el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, tengan la seguridad que no se va a entregar ningún sector a cambio de nada” Débora Giorgi


El gobierno juega con la cultura estatista de los argentinos. Es sorprendente observar los gastos que realiza el Estado para mantener a Aerolíneas, las irregularidades que se conectan a ENARSA, y la falta de control a los concesionarios de los trenes. A pesar de ello escuchamos a la mayoría de los argentinos pedir la estatización de YPF o, aceptar sin chistar, la derogación de la ley que defendía un Banco Central independiente.
Existe, aún, un enorme apoyo popular al control estatal de la sociedad civil basado en un falso nacionalismo. La muerte, sin pena ni gloria, de las AFJP es solo un botón de muestra.
Se necesitaron varios accidentes para reconocer una política incorrecta en el sector de los transportes. El Estado benefició a amigos y no cumplió con el ineludible papel de control del servicio. De esa forma el concesionario no satisfizo las necesidades de los consumidores, aumentó la burocracia y la corrupción que permite este sistema, y los amigos se convirtieron en enemigos, cuando se descubrieron alguno de los negociados en los cuales son socios.
Los concesionarios o las empresas privadas fuertemente ligadas al Gobierno se vuelven ineficientes porque aunque no cumplan con sus funciones las sostiene la espalda del Estado. Recrudece, de este modo, la mentalidad burocrática que es enemiga de la producción y la productividad. Y volvemos al círculo vicioso que acaba en que se quiere estatizar.
El discurso del gobierno se engorda con palabras de amor a la patria y en contra del mercado. La gente aprende a creer que es arbitrario y que conviene por eso la planificación de los funcionarios, un grupo que se considera iluminado por la luz de la razón.
Consentimos que sea a través del Banco Central que se preste a quién decida el gobierno y que se emita sin respaldo para que se resuelvan las dificultades financieras que generó esta política. Por experiencias anteriores sabemos que aumentará aún más el índice inflacionario..
Héctor Cámpora es admirado por la juventud kirchnerista, el mismo que encumbró la violencia, permitió que salieran de la cárcel 118 terrorista unidos a 16 criminales comunes y acabó- vía ley de amnistía- con los tribunales que debían juzgar sus delitos.
El círculo que maneja el gobierno actual debería repasar a fondo el gobierno de Héctor Campora, quien asumió el 23 de mayo de 1973 rodeando de guerrilleros a los que llamaba “maravillosa juventud” y que por esa época le gritaban al secretario de la CGT: “Rucci traidor, te pasará lo mismo que a Vandor”.
La impunidad derrotó a la Justicia y la economía dirigida por el gobierno permitió seguir gastando. Se aumentó el déficit fiscal y la expansión monetaria que ya había alcanzado preocupante índice durante el gobierno de Lanusse. Ello provocó graves problemas económicos: fue la base del cáncer inflacionario de 1975-1976. Una empobrecedora disminución de la producción fue otra de las consecuencias del gobierno de Cámpora a quién admira la juventud oficialista. ¡Todo un héroe!
Su ministro de economía José B. Gelbard –también acompañó al tercer gobierno de Perón- y el Congreso que las votó, fue responsable de las leyes que permitieron al Banco Central elevar al 100 % la intromisión estatal en el otorgamiento de créditos. El “amiguismo” no se hizo esperar del cual participaba el propio Ministro.
El Estado fijaba la tasa de interés y el valor de la moneda extranjera. Nacionalizó el comercio exterior, expropió bancos extranjeros que ahuyentaron al imprescindible capital foráneo.
Los precios congelados provocaron- como siempre ocurre- desabastecimiento y deterioro en la producción. Faltó de todo -como en Chile durante el gobierno de Allende- por lo cual apareció el mercado negro y la especulación para defender la riqueza que se esfumaba por cuenta y obra del gobierno.
Por el modelo productivo- exactamente como en la actualidad- se limitaron las importaciones perjudicando la modernización de las empresas, incluso el transporte de colectivos. Suspendieron el mantenimiento porque los aumentos no iban a la par del precio del combustible. Fue así que los usuarios viajaban en ómnibus destartalados y peligrosos.
No hay nada nuevo bajo el sol: se persiguió a los comerciantes desde la Secretaria de Comercio: un gemelo de “Moreno” - jefe de policía retirado- amedrentaba a quienes no cumplían la política que maniataba al Mercado..
Los argentinos soportamos en demasiadas oportunidades los efectos del fracasado modelo estatista y dirigista donde se cree que el gobierno es más racional que la gente, se endiosa la planificación central sin tener en cuenta que la sociedad es un fenómeno espontáneo por lo tanto implanificable.
Se critica y disminuye la acción del mercado, el cual, sin una vinculación respetuosa a los derechos civiles no existe. Es el método ligado a la libertad porque consiente la acción electiva, que permite la búsqueda del propio destino. En los regímenes dictatoriales la anulación del principio de propiedad, de facto o por imperio de la ley, acaba con el mercado y la libertad de las personas.
Por el contrario, si se abre la economía- como sucedió en Chile durante el gobierno de Pinochet o en China en la actualidad- poco a poco se liberaliza la política. La producción y la productividad necesitan para expandirse de los valores y el marco institucional liberal.
Quienes nos representan en el Congreso y votan por leyes que lesionan los derechos reflejados en el artículo 14, también se verán perjudicados cuando pierdan el favor del gobierno y deban sufrir como cualquier hijo de vecino las restricciones de principios que nos harían progresar como país y como personas.
En cuanto a figuras para imitar algunos, todavía, tenemos la esperanza de ver en las remeras de los adolescentes a San Martín, Belgrano, Sarmiento o Alberdi en vez del “Che” y Cámpora.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”. Lumiere.2006)
evaleronarvaez@hotmail.com

El buen consejo de Maquiavelo

En “El Príncipe”, Maquiavelo considera sumamente importante para mantenerse en el poder, tratar de ajustar los gastos a los ingresos.
Legítimamente señala, que el gobernante dispendioso acaba, por necesidad, gravando con impuestos altos a sus súbditos, apelando a todos los procedimientos fiscales y echando mano de cuantos recursos pueda valerse para recaudar dinero. Opina, que ésta conducta, termina por hacerlo odiar por todos aquellos a los que empobrece, es decir, toda la sociedad.
Maquiavelo muestra la inconveniencia del gasto desmedido.
En nuestro país no se asocia el ahorro con el desarrollo. No es el único, basta con observar los problemas que tienen los europeos para reparar que el gasto público se ha convertido en una conducta compulsiva. Las consecuencias están a la vista: endeudamiento, desempleo y disminución del nivel de vida.
La sociedad termina pagando la irresponsabilidad de los que gobiernan.
En Argentina la modernización estuvo ligada-como muchos otros países- al capital extranjero que permitió crear la infraestructura necesaria para aprovechar las condiciones favorables que proponía el comercio mundial.
Pudimos progresar aceleradamente gracias al ahorro de los empresarios ingleses, sobre todo. Aún hoy se lo desprecia y se sigue enseñando en las universidades la errónea teoría de la dependencia y la explotación.
Argentina necesita imperiosamente aumentar la producción y la productividad, contar con capitales extranjeros que se sientan seguros de poder invertir.
El capital autóctono escasea, las empresas, que podrían haber aprovechado las oportunidades que permite el comercio libre, se ven afectadas por regulaciones inconcebibles, limitaciones a la exportación e importación que no permiten mejorar la tecnología y aumentar la productividad, base del progreso económico.
El gobierno se está volviendo cada vez más rapaz porque no puede cumplir con las obligaciones populistas que se ha creado. Los problemas van haciéndose manifiestos. La energía es un ejemplo paradigmático.
Tenemos recursos como para no tener cortes de luz y poder acceder a combustibles más baratos, solo necesitamos abandonar políticas coercitivas para incentivar y atraer inversiones del mundo entero.
Lamentablemente, pocos se arriesgan a traer capitales, se eligen otros países, mas seguros con políticas que permitan el cálculo económico. Debe restaurarse la confianza perdida por la nefasta intervención estatal en la economía.
Buena parte de los argentinos se dejaron llevar por discursos que apelaron a la emoción mucho más que a la realidad. Se creyó en el estado benefactor más que en la capacidad individual.
Durante el gobierno de Frondizi, con inestabilidad política, y asedio de la cúpula militar, se hizo un real esfuerzo por cambiar la política económica que se pareció durante años a la actual. Sería útil recordarlo.
Frondizi con valor dejó de lado ideas que defendió antes, y comenzó su gobierno con un discurso que convendría leer hoy. Es el apropiado para realizar un cambio de timón.
Dijo en el Congreso: “El establecimiento de un orden jurídico y de una justicia independiente que proteja al ciudadano contra los excesos del poder administrador, son condiciones indispensables para el progreso económico..…deberá garantizarse la libre competencia como estímulo del progreso….y facilitarse la función creadora de la iniciativa privada…”
Como si fuera poco llamó a colaborar en el área de Economía, Trabajo y Seguridad Social, a quien siempre defendió esas ideas: Álvaro C. Alsogaray. Tomó como punto de partida la decisión del Dr Frondizi -expresada el 29 de diciembre de 1958- la devaluación de la moneda y la liberación de la economía.
Se inició una política diametralmente opuesta al estatismo, nacionalismo regresivo, controles e inflación reprimida, que había regido en el país desde 1946 y continuó con la Revolución Libertadora y gobiernos posteriores.
Para abril de 1961 se alcanzó una posición destacable. En menos de dos años las reservas monetarias netas habían aumentado notablemente y el peso argentino se mantenía estable. Se iniciaba la construcción del crédito interno y externo, existía adecuada liquidez, la bolsa estaba firme y facilitaba la capitalización de las empresas mientras se cumplía un acelerado proceso de reequipamiento industrial. La balanza de pagos era positiva, el déficit del presupuesto decreciente y financiado sin emisión.
Si se hubiera persistido en el esfuerzo, el éxito no estaba lejos, ya que una auténtica política de desarrollo caracterizada por la afluencia de capitales del exterior estaba en marcha. Lamentablemente, la forzada renuncia del Ministro y los problemas que llevaron al golpe militar y a la destitución del Presidente, marcaron un rumbo incierto.
Cuando “las papas queman” aparecen los que deben “ajustar” y se los tolera hasta que salvan la situación, después se prefiere a los que “regalan” y “distribuyen” con plata ajena. De esa forma volvemos al círculo vicioso que no nos permite levantar cabeza.
Sin embargo, otra vez la realidad se va a imponer en Argentina, como lo está haciendo en Europa y tantas veces en nuestro país. Veremos si ésta vez aprendemos y el próximo gobierno, o por milagro, el actual, siguiendo el buen consejo de Maquiavelo, bajan el gasto y también, como en el gobierno del Dr. Frondizi, realizan un cambio de ese tipo, esta vez perdurable, para que podamos gozar de los resultados.

Elena Valero Narváez. Autora de “El Crepúsculo Argentino”Lumiere.2006
evaleronarvaez@hotmail.com

Primer mandamiento del progreso: respeto por la propiedad privada

La violencia institucionalizada fue el rasgo común en la Historia para obtener o mantener la propiedad. La miseria alcanzaba a la mayoría en las sociedades previas al surgimiento del capitalismo.
Cuando después de un larguísimo proceso histórico, la propiedad se consolidó, dejó de depender de la fuerza de los que dominaban o detentaban el poder.
Cuando ocurrió la Revolución de Mayo, las colonias de España eran aún tierras realengas, la propiedad dependía del capricho de reyes, gobernantes y señores protegidos por el Estado.
Las instituciones democráticas patrimonio del occidente europeo y EEUU permitieron que no fuera necesaria la fuerza como fundamento de la propiedad.
Recién en el siglo XX se fue afianzando el modo capitalista de producción y acumulación -producto de ideas liberales que culminan con la Revolución Industrial- creando un mejoramiento económico, cultural y social jamás, ni siquiera soñado.
Pero junto a éste sistema, después de la Primera Guerra Mundial, las ideas nacionalistas se imponen con fuerza sobre todo en Alemania, Italia y Francia. El golpe bolchevique en 1917 reavivó las teorías marxistas y la crisis de 1929, en EEUU, hicieron triunfar las ideas socialistas, fascistas, y nacional socialistas, declinando el liberalismo y el sistema capitalista.
Sin embargo, el triunfo de los países aliados dividió al mundo y, la consolidación del sistema capitalista, basado en la defensa de los derechos individuales y de una institucionalidad democrática, mostró un fantástico crecimiento económico, en los países que lo adoptaron y en los que fueron obligados a adoptarlo como resultado de la rendición. Los países vencedores lo impusieron en Japón, Alemania e Italia devastados por la guerra.
La propiedad privada base fundamental del sistema capitalista fue rechazada o asediada por los regímenes estatistas e intervencionistas, partidarios de la planificación central, por lideres e intelectuales marxistas como Engels, Marx, Trotsky, Lenin, Guevara, Fidel y Raúl Castro. También, entre tantos otros, por gobiernos populistas y nacionalistas como fue el de Perón y lo son los actuales presidentes de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Argentina.
Pese al rotundo fracaso del socialismo en todas sus variantes, del nacional-socialismo y del fascismo, perduran estas ideas que desparraman intelectuales, jóvenes y obreros dirigidos por agitadores universitarios de clase media o sindicalistas que desprecian las ideas liberales desde un ámbito cómodo y moderno surgido justamente del sistema que combaten.
Adoptan las ideas socialistas como una religión, con fe, pero sin entenderlas. Los dominan las emociones, por ello se alejan de la realidad aunque, la Historia, les permite acceder a innumerables ejemplos de países donde la abolición del capitalismo y de la institucionalidad democrática llevó a sus líderes a crueldades que terminaron con la vida de miles de personas. Sumieron en la pobreza a poblaciones enteras salvo a los miembros del partido único, militarizaron a los sindicatos, convirtiendo a los obreros en maniquíes que no podían disponer de su vida como quisieran.
Un ejemplo paradigmático, que se resisten a comprender, es el del terrorismo, integrado por jóvenes idealistas que murieron y mueren por esas ideas aterrando al mundo con sus atroces atentados. Si se hubieran impuesto las ideas de los terroristas argentinos nos hubiéramos parecido a Cuba, país donde se entrenaban para perpetrar atentados y tomar el poder.
No reconocen que si la acumulación de capital no la consiguen los empresarios privados con su esfuerzo, es el Estado el que se encarga de ello.. Éste se vuelve cada vez mas voraz y, finalmente, debilita a la sociedad civil y se convierte en el único patrón, el que reparte la riqueza, aumentando, de este modo, la injusticia social y la corrupción.
Contrariamente a lo que aseguraba Marx, el sistema capitalista no depende de quitarles el capital a los ricos para dárselo a unos pocos amigos como lo hacen en la actualidad los regimenes comunistas o populistas, sino en crear riqueza donde no la hay.
Atacan a EEUU, representante del progreso occidental y, utópicamente, creen en idealizadas sociedades primitivas o en un paraíso socialista. Se ponen anteojeras para no ver el fracaso de esas ideas en el mundo entero. Les bastaría analizar la diferencia de riqueza entre los países capitalistas y los que lo rechazan.
Estados Unidos, Canadá, Australia, los países occidentales europeos, no les dicen nada, no los comparan con Cuba, Afganistán, Corea del Norte donde no permiten funcionar a los mercados, y el sistema de racionamiento suele ser permanente. La destrucción del capital y el estancamiento, es lógica consecuencia de un sistema que rechaza los libres intercambios humanos.
China nos da más información: Si bien este país acepta la economía de mercado no podemos decir que es un país capitalista. Para que lo sea deberá germinar un poder limitado, respeto por los derechos civiles, justicia independiente, pluralismo político y libertad de expresión sin los cuales en ningún país el sistema capitalista puede arraigarse.
Sin embargo, el reconocimiento de la propiedad privada y la creación de bancos y otras instituciones que promueve la economía de mercado, sumados a la confianza que debe sostener con el resto del mundo para poder seguir creciendo económicamente es probable que obligue a China a, no solamente abrir su economía, sino a romper las bases del socialismo. De esa manera podrá dirigirse hacia una democratización paulatina. Podría ser posible si se fortalece la sociedad civil y presiona por el cambio.
El capitalismo, contrariamente a lo que generalmente se cree, esta ligado a la ética que sostiene una base de paz, de reciprocidad y de respeto de los acuerdos y de los derechos civiles por parte del gobierno, la justicia, y las personas.
Los argentinos merecemos un milagro: volver a los valores que propician el sistema capitalista para que podamos salir del círculo vicioso en que nos entierra el intento de planificación central del gobierno actual.
El respeto por la propiedad privada es fundamental para que un país progrese en todo sentido. Y la más importante es la persona. Tanto el ciudadano común como el empresario debieran ser libres para decidir su propio destino. No se necesita que el gobierno decida por ellos, el hombre libre es mucho más creativo y eficaz que los burócratas estatales.
Ningún sistema económico es perfecto, además en las sociedades capitalistas, o en vía de serlo, sus estructuras son naturalmente asincrónicas por lo cual el desarrollo de unas es mayor que el de otras. Puede ser, por ejemplo, mas moderna la estructura económica que la política como sucede en China en la actualidad, incluso en algunos países europeos. Esto produce conflictos difíciles de solucionar o morigerar, pero, la comparación más burda nos permite asegurar que el sistema capitalista es el que permite mucha mejor producción, productividad y calidad de vida.
Y para “los jóvenes imberbes”, como los llamó Perón, que creen, aún, en las ideas marxistas y pretenden que los obreros son explotados en un régimen capitalista, vaya la retractación de Engels en la reedición de su libro “La situación de las clases obreras en Inglaterra”. Refiriéndose a lo que ocurría en ese país en 1892 escribió: “El estado de cosas descripto en éste libro pertenece hoy al pasado por lo menos en lo que respecta a Inglaterra”. ¿Que diría hoy, también Marx, si vieran el progreso material y espiritual de los países donde brilla un sistema capitalista y democrático donde el gobierno es limitado y respeta los derechos individuales?

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”. Ed. Lumiere,2006)
evaleronarvaez@hotmail.com

Otra Historia

Cierto resquemor inspiró a los historiadores el decreto presidencial que creó el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoaméricano, Manuel Dorrego. Desde allí, se difundirá en escuelas, privadas y públicas una historia que deja de lado las figuras que representaron el ideario liberal de la Constitución de 1853.
Desde hace un tiempo se pretende opacar a figuras de inmensa relevancia que constituyeron el período conocido como la Organización Nacional -1853-1880- y el de los gobiernos conservadores-liberales (“la oligarquía”:1880-1916).
La constitución de 1853 de base liberal, la unificación del país lograda abatiendo definitivamente al caudillismo, terminar con la frontera indígena, la atracción de inmigrantes y capitales, el desarrollo del comercio y la educación fue fundamental en el camino de la formación de la Argentina moderna.
Desde el Instituto, se reivindicará a “todos aquellos que defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante”.
La ideología liberal influenció no solo a los revolucionarios de Mayo, también a los unitarios y federales. El único federalismo que existía, era el norteamericano. Dorrego había vivido en Estados Unidos y era admirador, como Sarmiento, del sistema político de ese país. Llamó a EEUU “país clásico de la libertad” y expresó que:”la Constitución debe ser ventajosa no solo para los ciudadanos que encuentran su subsistencia y conservación dentro del país, sino también para los que la busquen fuera de él, en cualquier parte que sea”
Con el decreto se trata de imponer ideas que opacan la luz de la tolerancia y el espíritu abierto que caracteriza a la democracia y, sobre todo, dejar de lado la objetividad científica que desistirá de respirar si prospera un autoritarismo hegemónico.
La Historia es una ciencia que intenta describir y explicar los hechos irrepetibles del pasado mediante información lo más completa posible. Como las teorías de otras ciencias son también provisorias, pueden ser analizadas, revisadas o reemplazadas si no se adecuan a la realidad o se hacen incompatibles con ella por el descubrimiento de nuevos hechos.
Como bien señala Karl Popper, las técnicas y métodos (documentos, biografías, entrevistas, encuestas, lenguaje común, etc) compartidos por la comunidad de historiadores permiten un control recíproco de la contrastación, la discusión, y el análisis de los datos.
El historiador va, como todos los científicos, detrás de la verdad que, contrariamente a lo que trasunta el decreto, no es relativa, aunque la mayoría de las veces no sepamos si la hallamos.
El empleo de medios políticos para imponer ideas que ayuden a instaurar una historia a medida de los gobernantes y una doctrina oficial va en contra de la libertad de la crítica, la libertad de pensamiento y acaba por disminuir la libertad de los ciudadanos.
Los artículos del decreto muestran, además, un intento de intervención del gobierno por dominar la cultura, interviniendo en la música, el arte en general.
En los últimos años han aparecido pseudo-historiadores que pertenecen al club de intelectuales que antes de ver si las explicaciones históricas coinciden con los hechos se preocupan por quién es el que las sostiene y si coincide o no con las hipótesis que ellos apoyan. Por ello descalifican a serios historiadores, por ejemplo, por no haber tenido en cuenta al pueblo, al que endiosan.
Descalifican llamando reaccionarios, oligarcas, demoliberales, enemigos del pueblo, retrogrados y con otros epítetos, a quienes no hacen Historia a la medida de sus intereses. Solo consideran a su ideología como correcta. La usan como instrumento político de dominación ideológica, sin que importe su contenido de verdad. La objetividad, para ellos, está siempre ligada a sus ideas políticas.
Lamentablemente, años de socialización nacionalista, han influenciado el discurso ideologista no solo de un grupo ligado a los requerimientos del poder -mal llamado historiadores- sino también a periodistas, políticos, maestros y a mucha otra gente.
En el decreto, entre los que se quiere revalorizar como preocupado por el pueblo, se encuentra Facundo Quiroga. Sin embargo,el liderazgo de los caudillos fue oligárquicos. Muchos fueron grandes propietarios rurales y como señala Halperín Donghi,a pesar de su base popular, no mostraron capacidad operativa para crear ni para distribuir riqueza pero sí para la expoliación de un sector de la clase dominante, el que se oponía al caudillo. No concedían gratificaciones populistas tangibles a las masas, como lo hizo Perón.
Además, los caudillos temían un acuerdo general y de autoridades nacionales que pudieran afectar el poder que tenían en sus regiones. Rosas estaba tan ligado a los intereses “porteños”, en los hechos, como los unitarios de Buenos Aires, sin embargo, continúa una visión distorsionada de los caudillos: se los define como gauchos que luchaban por los derechos populares y que defendieron los intereses regionales en contra del centralismo porteño. La Historia no es tan simple. Un ejemplo: El Chacho Peñaloza cuando se independiza de Quiroga actuó primero como antirosista y luego como antimitrista.
Los sectores populares operaron de meros apoyos a las decisiones esenciales, en las que no tuvieron ninguna participación y sobre las cuales no pudieron ejercer ningún control. Su participación siempre fue en el marco de un dominio incuestionable del caudillo a quien respaldaron en la defensa de la autonomía económica de las provincias que dominaban.
No hay cabida, entre estos intelectuales, para una refutación racional como siempre sucede con la Historia ligada a intereses políticos.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino” Lumiere.2006)
evaleronarvaez@hotmal.com

Otra Historia

Cierto resquemor inspiró a los historiadores el decreto presidencial que creó el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoaméricano, Manuel Dorrego. Desde allí, se difundirá en escuelas, privadas y públicas una historia que deja de lado las figuras que representaron el ideario liberal de la Constitución de 1853.
Desde hace un tiempo se pretende opacar a figuras de inmensa relevancia que constituyeron el período conocido como la Organización Nacional -1853-1880- y el de los gobiernos conservadores-liberales (“la oligarquía”:1880-1916).
La constitución de 1853 de base liberal, la unificación del país lograda abatiendo definitivamente al caudillismo, terminar con la frontera indígena, la atracción de inmigrantes y capitales, el desarrollo del comercio y la educación fue fundamental en el camino de la formación de la Argentina moderna.
Desde el Instituto, se reivindicará a “todos aquellos que defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante”.
La ideología liberal influenció no solo a los revolucionarios de Mayo, también a los unitarios y federales. El único federalismo que existía, era el norteamericano. Dorrego había vivido en Estados Unidos y era admirador, como Sarmiento, del sistema político de ese país. Llamó a EEUU “país clásico de la libertad” y expresó que:”la Constitución debe ser ventajosa no solo para los ciudadanos que encuentran su subsistencia y conservación dentro del país, sino también para los que la busquen fuera de él, en cualquier parte que sea”
Con el decreto se trata de imponer ideas que opacan la luz de la tolerancia y el espíritu abierto que caracteriza a la democracia y, sobre todo, dejar de lado la objetividad científica que desistirá de respirar si prospera un autoritarismo hegemónico.
La Historia es una ciencia que intenta describir y explicar los hechos irrepetibles del pasado mediante información lo más completa posible. Como las teorías de otras ciencias son también provisorias, pueden ser analizadas, revisadas o reemplazadas si no se adecuan a la realidad o se hacen incompatibles con ella por el descubrimiento de nuevos hechos.
Como bien señala Karl Popper, las técnicas y métodos (documentos, biografías, entrevistas, encuestas, lenguaje común, etc) compartidos por la comunidad de historiadores permiten un control recíproco de la contrastación, la discusión, y el análisis de los datos.
El historiador va, como todos los científicos, detrás de la verdad que, contrariamente a lo que trasunta el decreto, no es relativa, aunque la mayoría de las veces no sepamos si la hallamos.
El empleo de medios políticos para imponer ideas que ayuden a instaurar una historia a medida de los gobernantes y una doctrina oficial va en contra de la libertad de la crítica, la libertad de pensamiento y acaba por disminuir la libertad de los ciudadanos.
Los artículos del decreto muestran, además, un intento de intervención del gobierno por dominar la cultura, interviniendo en la música, el arte en general.
En los últimos años han aparecido pseudo-historiadores que pertenecen al club de intelectuales que antes de ver si las explicaciones históricas coinciden con los hechos se preocupan por quién es el que las sostiene y si coincide o no con las hipótesis que ellos apoyan. Por ello descalifican a serios historiadores, por ejemplo, por no haber tenido en cuenta al pueblo, al que endiosan.
Descalifican llamando reaccionarios, oligarcas, demoliberales, enemigos del pueblo, retrogrados y con otros epítetos, a quienes no hacen Historia a la medida de sus intereses. Solo consideran a su ideología como correcta. La usan como instrumento político de dominación ideológica, sin que importe su contenido de verdad. La objetividad, para ellos, está siempre ligada a sus ideas políticas.
Lamentablemente, años de socialización nacionalista, han influenciado el discurso ideologista no solo de un grupo ligado a los requerimientos del poder -mal llamado historiadores- sino también a periodistas, políticos, maestros y a mucha otra gente.
En el decreto, entre los que se quiere revalorizar como preocupado por el pueblo, se encuentra Facundo Quiroga. Sin embargo,el liderazgo de los caudillos fue oligárquicos. Muchos fueron grandes propietarios rurales y como señala Halperín Donghi,a pesar de su base popular, no mostraron capacidad operativa para crear ni para distribuir riqueza pero sí para la expoliación de un sector de la clase dominante, el que se oponía al caudillo. No concedían gratificaciones populistas tangibles a las masas, como lo hizo Perón.
Además, los caudillos temían un acuerdo general y de autoridades nacionales que pudieran afectar el poder que tenían en sus regiones. Rosas estaba tan ligado a los intereses “porteños”, en los hechos, como los unitarios de Buenos Aires, sin embargo, continúa una visión distorsionada de los caudillos: se los define como gauchos que luchaban por los derechos populares y que defendieron los intereses regionales en contra del centralismo porteño. La Historia no es tan simple. Un ejemplo: El Chacho Peñaloza cuando se independiza de Quiroga actuó primero como antirosista y luego como antimitrista.
Los sectores populares operaron de meros apoyos a las decisiones esenciales, en las que no tuvieron ninguna participación y sobre las cuales no pudieron ejercer ningún control. Su participación siempre fue en el marco de un dominio incuestionable del caudillo a quien respaldaron en la defensa de la autonomía económica de las provincias que dominaban.
No hay cabida, entre estos intelectuales, para una refutación racional como siempre sucede con la Historia ligada a intereses políticos.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino” Lumiere.2006)
evaleronarvaez@hotmal.com

23 de Octubre: Esparta o Atenas

En su libro La Política Aristóteles aconseja a quién busca el mejor régimen político que defina, ante todo, qué tipo de vida es la más deseable, pues si esto se ignora se va a ignorar, también, el régimen más perfecto. Considera a la Monarquía, a la Aristocracia, y a la República como regímenes correctos. Juzgó como sus desviaciones, la tiranía, la oligarquía y la democracia. Basa la tiranía en tres supuestos básicos: que los súbditos piensen poco, que desconfíen unos de otros y la imposibilidad de acción. Observa que la fuerza es su elemento fundamental porque es necesaria para gobernar a los que lo desean y sobre todo a los que no lo desean. Sin ella no hay tiranía que valga. La opone a la democracia, sistema cuyo basamento básico es la libertad y la alternancia en el poder. Ello, permite, que el buen gobernante aprenda estando bajo el gobierno de otro. No puede gobernar bien, quien no ha obedecido. La Autoridad –definida por él como aquello en lo que está de acuerdo la mayoría y no la fuerza- la convierten en un sistema más sólido que la oligarquía y más duradera, porque promueve sectores medios y un acceso mayor a los puestos de honor. Alerta sobre políticas que desarrollen la pobreza. Según Aristóteles, donde unos pocos tienen en exceso y muchos nada, sobreviene una democracia radical, una oligarquía pura o una tiranía ocasionada por ambos excesos. Defiende la soberanía de las leyes. Es preferible - apunta- que mande la ley en vez de un ciudadano cualquiera. Si bien la ley es lo equilibrado más soberanas que las leyes escritas, sobre temas importantes, son las leyes fundadas en las costumbres. Lo funda en que si un hombre resultara un gobernante más firme que las leyes escritas, no lo sería respecto a las leyes consuetudinarias. Asienta el buen gobierno, por un lado, en la obediencia a las leyes existentes y, por el otro, en que sean buenas las leyes de quienes perseveran en ellas. Veamos, ahora, algunas de las propuestas de Aristóteles para lograr la estabilidad de un sistema político: -Vigilar para que no se infrinjan las leyes y sobre todo cuidar las de poca importancia porque – afirma- la ilegalidad se introduce subrepticiamente, de igual forma que el gasto pequeño, si tiene lugar a menudo acaba con las fortunas.. - Gobernar por poco tiempo porque es más fácil obrar mal si se gobierna por mucho. - El conocimiento de un mal incipiente no debe ser tarea de cualquier hombre sino del político. -Que haya una ley que suba o baje las rentas, si hay superávit subiéndolas en proporción al aumento y si hay déficit bajándolas y reduciendo también la tasa. -Las políticas deben estar dirigidas a crear condiciones para que todos los sectores progresen y que aumente la clase media. -Las magistraturas no debieran proporcionar dinero. -Los que ocupen cargos de mayor responsabilidad tendrían que contar con tres virtudes: amor hacia el sistema establecido, mayor competencia en los asuntos de su cargo, virtud y justicia. -La educación debe ser acorde con el sistema político para que todos estén habituados y formados en el sistema que se elija. Viene bien, en éste período preelectoral, recordar que desde hace siglos, hombres ilustrados, en este caso Aristóteles, vieron como solución a los conflictos que puede acarrear la democracia, más democracia. Rechazó –aunque se equivocaba cuando aceptaba la esclavitud- las ideas de Platón quien ante los problemas de la democracia ateniense propuso un régimen utópico donde la justicia significara el gobierno absoluto de una sola clase. Y, exigía un gobierno de clase totalitario y la decisión de ponerlo en práctica. El programa político de Platón es totalitario y antihumanitario como lo demuestra Karl Popper en su excelente obra “la Sociedad Abierta y sus enemigos”, libro que deberíamos haber leído la mayoría de los argentinos antes de votar. El domingo 23 decidiremos cual sistema consideramos mejor: la tiranía o la democracia, si aceptamos la sociedad abierta que representa la libertad del hombre a la búsqueda de su propio destino o la cerrada que defiende la omnipotencia del estado por sobre la sociedad civil: Esparta o Atenas. Elena Valero Narváez. (Autora de El crepúsculo Argentino. Lumiere. 2006) evaleronarvaez@hotmail.com

¿Al son del tambor?

“¿Qué les falta para ser libres?¿Qué? El placer mismo de serlo. No me pidáis que analice éste placer sublime: es necesario experimentarlo. Penetra por sí mismo en los grandes corazones que Dios ha preparado para recibirlo; los inflama. Hay que renunciar a hacerlo comprender a las almas mediocres que jamás lo han sentido” Alexis de Tocqueville El gobierno decide cupos de importación y exportación, dibuja el índice oficial de precios, no honra las deudas, incumple las reglas de la comunidad internacional, evita la libre información, y decide entre muchas otras cosas que la ley no es igual para todos. Podemos vaticinar que después del triunfo kirchnerista -lo dan por descontado hasta los opositores- los argentinos marcharemos al son del tambor de la actual presidente de la República. No olvidemos que puede obtener la mayoría en ambas cámaras del Congreso. Si para que esto pase se necesita de los votos de más de la mitad de los argentinos, podemos decir sin equivocarnos que éstos quieren que el gobierno decida sobre sus vidas. ¿Qué pasará con los que ambicionamos hacer nuestro propio camino, con quienes creen que el hombre inventa su destino al andar, propone sus metas y el modo de alcanzarlas? Con los que entendemos que el sentido de la libertad se compone de autonomía y riesgo? ¿Volveremos a dar pase libre al tan temido Leviatán que esclavizó a la sociedad soviética a partir de 1917? ¿Tendrá el gobierno, si se reforma la Constitución, y con el poder de veto y los decretos de necesidad y urgencia, facultades ilimitadas? ¿La propiedad privada estará sujeta a su capricho? ¿Del 23 de octubre en adelante las elecciones serán digitadas y el sucesor de Cristina elegido autoritariamente desde la Casa Rosada? ¿Se regulará aún más el comercio exterior? ¿Se enseñará en las escuelas y universidades sólo la ideología nacional-socialista-kirchnerista, denostando a la que nos hizo progresar desde 1853 a 1930? ¿Las acciones de funcionarios estatales estarán por encima de las leyes que rigen a los ciudadanos? ¿Continuará la malversación creciente de los fondos públicos sin que haya control legal alguno fuera de las decisiones amañadas del gobierno? ¿Los sindicatos unidos al poder por intereses espurios se transformarán en agencias políticas favorables al gobierno? ¿Se extenderá el sometiendo a jueces obligándolos a actuar parcialmente? En 1983 la mayoría en nuestro país aspiraba a vivir en una democracia participativa, donde reinara la paz y la libertad. Casi todos pretendíamos recorrer el camino hacia el fortalecimiento del sistema de partidos, y poder expresar nuestras ideas sin estar sujetos a coerciones. En Octubre parece que se va a votar lo contrario. Ya no hay dudas del convencimiento de Cristina Kirchner en que va por el camino correcto. Los votos de las primarias la han convencido en las bondades de tener todos los resortes del poder en sus manos. Quienes voten a Cristina Fernández, no podrán decir que no esperaban la transformación de nuestro sistema político, económico y el ordenamiento jurídico institucional que emana de la Constitución: la sumisión de más de la mitad de los argentinos lo permite. El modelo populista se llevará puesto el régimen de propiedad privada y libre empresa, la división de poderes en la práctica será una farsa. No se respetarán los fallos del poder Judicial si son contrarios a las necesidades del gobierno. Se combatirá a quien discrepe con el gobierno y se monopolizará el comercio a través del control de las divisas y los permisos de importación y exportación. El Gobierno continuará promoviendo en los jóvenes argentinos sentimientos contrarios a EEUU y a los países capitalistas favoreciendo ideas nacionalistas como lo hace el presidente Chávez en Venezuela. ¿Tendrá éxito? A corto plazo. Esta política termina en vaciar las arcas del Estado. Y en Argentina son muchos los que reaccionan cuando se les toca el bolsillo, no la Libertad. Si castigan la producción y la productividad, como hasta ahora, si ahuyentan a los capitales, los problemas económicos vendrán por añadidura. Con la crisis vendrán otros gobernantes y el cambio: no habrá mas remedio que regresar a una política exterior que se base en el dialogo constructivo con todos los países del mundo, a permitir y dar garantías al capital nacional y privado que pretenda invertir en nuestro país, y a la defensa de las normas republicanas y democráticas en las que se basan las sociedades democráticas del mundo. La oposición tiene un deber: no tener miedo a decir la verdad. Mostrar que vamos por un camino equivocado, revelar los errores del gobierno y formarse para cuando llegue el momento de elegir el rumbo no equivocarse tanto. La receta es simple: permitirle a la gente moverse hacia el futuro con libertad, reglas claras, y confianza en un Estado que no vaya en contra de lo que manda la Constitución. Derogar las leyes que obstruyen la división de poderes y la independencia de la Justicia. Los argentinos no podemos huir de la vida, de la inseguridad y de la incertidumbre con que está irremediablemente tejida. Darle las riendas de nuestra vida a un gobernante es morir en vida. Debemos pensar, tener convicciones basadas en la realidad y no abandonarlas por un plato de lentejas. Cada uno debe forjar su destino dentro de un marco de autonomía, responsabilidad y respeto a las leyes que lo hacen posible. El tiempo humano es escaso merece ser vivido en libertad. Cristina esta reviviendo un pasado que comenzó en 1943. Repasemos la Historia para no repetir errores que nos llevaron a dejar en el camino valores, que una vez perdidos, cuesta recuperar. Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”Lumiere. 2006) evaleronarvaez@hotmail.com

Metas y medios incompatibles

El gobierno de Cristina Kirchner, como muchos otros gobiernos populistas, cometen el error de no distinguir la injusticia de la desigualdad. Es por ello que combaten todo lo que huela a capitalismo porque consideran a ese sistema económico como portador de injustas desigualdades sociales. Les asusta la competencia porque la desigualdad que provoca no proviene de las decisiones arbitrarias del gobierno sino de elecciones y acciones surgidas de la espontaneidad social.
Abrir la sociedad a la competencia y a la libre elección de los ciudadanos no se ajusta a sus necesidades: se forman centros de poder alternativos al del gobierno y ello evita y controla la extensión de su poder.
Los gobiernos populistas no se cansan de repetir que van a dar a cada uno lo suyo. Esta utopía no considera que los recursos sean escasos y que sin la división del trabajo (basada en la desigualdad) no podría existir la sociedad.
Cierran los mercados o los obstaculizan creando lo que dicen combatir: más desigualdad social porque aumenta la pobreza.
Detrás de subsidios indiscriminados se esconden las metas demagógicas. En Argentina y también en muchos otros países la ayuda estatal se ha extendido a tal extremo que ha fomentado la vagancia, el desamor por el trabajo, personas inútiles ante los desafíos que propone la vida, por eso el aumento de la drogadicción y otras adicciones.
El Estado en vez de supervisar la ayuda social dejando la responsabilidad al sector privado se convierte en un papá Noel irresponsable y burocrático que le quita injustamente al que trabaja y se esfuerza por mejorar, para darle a quienes les aportan votos sin que importe el mérito.
Tanto en nuestro país como en Europa, los votos han respondido positivamente al Estado de Bienestar: éste da respuesta al problema de cómo repartir los recursos escasos mediante un Estado que con un gasto público exagerado busca satisfacer los reclamos de la gente.
Este método se opone cada vez más al sistema de mercado que reparte mediante un mecanismo espontáneo basado en la acción electiva de las personas de manera automática e imperfecta. Por este método, que promueve y necesita de los derechos civiles para desarrollarse y extenderse, se logró el crecimiento económico, la modernización, la igualdad jurídica y un mejor reparto de la riqueza.
Parece mentira que se pretenda volver a recorrer el camino socialista: el que terminó con la libertad , no logró la igualdad que pregonaba, militarizó a la sociedad, y degradó a la persona humana llevándola a la esclavitud del trabajo forzado y de los campos de concentración.
La pretensión utópica de Marx de que todos podemos ser iguales y que podremos tener cada uno según nuestras necesidades, apropiada también, por los gobiernos populistas, termina siempre en la misma cosa: un estado fuerte, burocrático, y corrupto que concentra el poder asfixiando a la sociedad civil. Fue la base de los totalitarismos.
Argentina necesita políticos que en vez de preocuparse tanto por repartir autoritariamente, se preocupe por crear condiciones que mejoren la producción y la productividad dejando que prospere la iniciativa, la creatividad y la libertad de las personas. De esta manera el abanico de posibilidades se extenderá aunque no se logre la igualdad vanamente soñada e imposible porque va, incluso, contra la vida humana.
El mercado en la sociedad capitalista nos brinda muchas mas oportunidades que las sociedades que han pretendido ser socialistas por lo cual, si bien no trae la felicidad, un bien sumamente escaso, nos permite compensar mejor las desgracias que trae la vida.
La continuidad del modelo kirchnerista implica un voluntarismo irrenunciable por cumplir metas idealizadas. Si no se impone un cambio el gobierno será responsable de los costos sociales que exigirá, irremediablemente, seguir adelante con una interpretación simplista de la realidad.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”. Lumiere. 2006)
evaleronarváez@hotmail.com

Al toro por los cuernos

La terrible noticia del asesinato de Candela, nos plantea, una vez más, el tema de la inseguridad que tanto nos afecta.
No alcanza para combatirla las lágrimas del gobernador de la provincia de Buenos Aires ni que la Presidente reciba a la madre de la víctima.
Hay que decirlo con todas las letras: los principales culpables de éste y otros crueles asesinatos son los que llegaron al poder con el voto de la mayoría.
Hay que dejar de lado las ideologías. La decisión de afrontar este problema tiene que surgir de quienes nos gobiernan. Es la única alternativa salvo que se quiera volver al “diente por diente” o a la antigua justicia popular.
No es cuestión de combatirla con discursos populistas que responsabilizan a la pobreza de los robos y asesinatos. Necesitamos del imperio de la ley.
El Estado es el que posee el monopolio de la fuerza por lo tanto los que están a cargo del gobierno deben considerar esta responsabilidad indelegable.
La lucha de ideas no parece ser grata en nuestro país. Gran parte de los políticos piensan en ser candidatos exitosos pero no discuten ni proponen programas que puedan ser puestos en práctica rápida, y eficazmente, para morigerar la ola de violencia y crimen que nos tiene a mal traer.
¿Dónde están las cárceles para que los criminales cumplan condenas ?. Dónde los legisladores que propongan o deroguen normas relacionadas con los problemas que preocupan a la sociedad y dónde jueces que sean firmes cuando se infringen las leyes?
¿Por qué los delincuentes mas temidos cumplen condenas breves alentando así, la conducta criminal? ¿Hasta que punto es inimputable un menor de edad?¿Cómo se combate el narcotráfico y la drogadicción que agrava la peligrosidad e incentiva a quebrantar la ley? ¿Se debe ser más estricto o hay que liberar el consumo de drogas?
¿Qué sucede con los policías? ¿Se premia a los que combaten la delincuencia y se castiga a los que no responden a su obligación de cuidar a la comunidad para incentivar y mejorar esa fuerza fundamental en la lucha contra el delito? ¿Obtienen un salario y seguro de vida acorde al servicio que prestan? ¿Se tiene en cuenta el daño físico y psicológico que implica cumplir con sus funciones? ¿Debe seguir pagando la sociedad guardias que protejan al vecindario? ¿Dónde va el dinero que nos cobra el Estado en calidad de impuestos?
¿Quién o quienes debaten temas fundamentales para la resolución de las dificultades que acarrea la inseguridad?
Hay demasiadas preguntas y pocas respuestas.
Lamentablemente no se avizora en el ambiente político ni en el gobierno actual nadie decidido a luchar contra el crimen. No hay decisión política ni conocimiento para combatirlo.
No se apoya a quienes entienden sobre el tema ni existe preocupación por resolver el problema.
La inseguridad es una de las principales trabas para un futuro mejor porque no es posible pensar en él si nos sentimos inseguros, a merced de ladrones y asesinos. ´
La Justicia no es perfecta, ni las normas ni los jueces lo son pero, una sociedad compleja requiere del mantenimiento del orden social. Las inquietudes de la diversidad de instituciones, grupos, y personas que la integran, necesitan ser escuchados por el poder político. Éste debe tratar de evitar las arbitrariedades de las fuerzas de seguridad tanto como de despreciarlas, debilitarlas y quitarles el prestigio que merecen. Su ellas la vida social sería imposible.
La carencia de liderazgo político admite el aumento de crímenes terribles como el reciente que terminó con la vida de Candela.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”Lumiere. 2006)
evaleronarváez@hotmail.com

los argentinos y la resistencia al cambio

Los argentinos y la resistencia al cambio.

Evidentemente Marx se equivocaba cuando pretendía que el cambio tiene un desarrollo continuo e inexorable. La historia de nuestro país nos presenta ejemplos inmejorables para rebatir la idea de que hay un proceso histórico inevitable.

Si a principios del siglo XX muchos aseguraban un porvenir venturoso para Argentina. Los hechos demostraron lo contrario. Jamás podremos hacer pronósticos seguros, aunque sí algunos mejores que otros.

Las elecciones primarias indicaron que pocos son los que se animan a votar un cambio cuando hay temor de que afecte sus intereses. Además, muchos tienen exacerbada la “amnesia deliberada”. Para no sufrir olvidan las políticas erróneas, engendradas por Perón, Alfonsín, o los Kirchner, recordando solo sus cualidades.

La educación ha mantenido una cultura estatista que se ve claramente en la aceptación de liderazgos que prometen subsidios y prebendas y lazos estrechos con el gobierno. No se defiende la propiedad privada que garantiza la Constitución.

Muchos intelectuales y políticos -como en la Rusia zarista los bolcheviques- adhieren a ideas socialistas: anticapitalistas y antimodernidad. Una contradicción total pues la técnica moderna y la productividad sin capitalismo son imposibles.

La mayoría de los sufragantes votó en contra de instituciones políticas liberales que paradójicamente se intentan consolidar en casi todo el mundo. No tienen la psicología del hombre libre. Viven y quieren vivir en el útero materno por eso creen más en el Estado que en ellos mismos.

Quieren seguridad por eso no se animan al cambio. No se dan cuenta que la seguridad no existe porque estamos inmersos en la aventura de vivir.

Temen la competencia, prefieren mercados controlados, no entienden que si se suprime el mercado no se sabe el valor de las cosas. El mercado tan temido solo es el espacio social donde la gente hace sus intercambios. Necesita de buena información para poder funcionar como corresponde. De ello se han dado cuenta los chinos cuya máquina política continúa pero han hecho desaparecer al comunismo que les traía atraso y hambre. Aprendieron de los países asiáticos que aceptaron el capitalismo.

En nuestro país, se continúa creyendo en la teoría de Marx: a más capitalismo más pauperización, No es así: lo prueban los países desarrollados, los cuales, más allá de sus crisis, han desarrollado importantes sectores medios.

Necesitamos líderes políticos que acepten riesgos, tomen iniciativas, decidan metas y nos digan el modo de llegar a ellas. Que no sean temerosos y prefieran mantener el “statu quo” a sabiendas de que atrasa.
Casi todos se sienten más protegidos pareciéndose a los Kirchner. Como decía Juvenal, su sometimiento da la medida exacta de sus temores.

La presión social impidió que los candidatos se animaran a decir en la campaña lo que no se considera políticamente correcto. El temor y la incertidumbre hicieron que dejaran las cosas como están. No hubo un líder que generara expectativas positivas o una crisis que acelerara un cambio de rumbo. Con su actitud motorizaron las bases psicológicas para que se aceptara la continuidad de la actual presidente.

En estas primarias se rechazó la oportunidad de mejorar por razones culturales y psicológicas. Creo que solo una profunda crisis podrá animarnos al cambio que precisa el país para aprovechar las buenas oportunidades que nos ofrece el mundo y para enseñar los dientes a las políticas que nos llevan a mancillar la República.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino” Lumiere.2006)
evaleronarvaez@hotmail.com

TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA

La gente no siempre elige los valores y en eso se equivoca. No debiéramos defender el relativismo ético: hay que proteger la libertad, la vida, la propiedad privada y otros valores esenciales. No los podemos “dejar en el placard”. El relativismo ético llevó a los alemanes al nacional –socialismo.
En Argentina todos los políticos dicen que lucharán por el bien común. La cosa es cómo lograrlo.
El sistema impuesto por el gobierno no ayuda a ese propósito.
Néstor Kirchner copió del ex presidente Perón la receta de permitir el voto sin respetar y tolerar a las minorías. Atacó los pilares de la democracia: los partidos de oposición y la opinión pública.
A Cristina se le intentó dar los roles que tenía Evita: debilitar el papel que tienen los dirigentes gremiales sometiéndolos a una doble subordinación: la de Néstor y Cristina. Crear otro poder sobre los trabajadores que no dependiera de la elite gremial pero sí del jefe supremo: Néstor Kirchner. Su muerte dejó a su mujer sin la instancia suprema.
La presidente requiere de la estructura gremial para mantener la tranquilidad social y para utilizarla- como hacia Perón- para amenazar a empresarios, partidos y otros grupos, cuando se oponen a su política. Aunque con dificultades- la presidente no es Perón- seguirán siendo socios.
También se extenderá aún más la beneficencia estatal como propaganda favorable al gobierno disputando, de este otro modo, a los gremios, la adhesión de los trabajadores.
El estado -como en la década del 40- comienza a tener un papel preponderante en el manejo de la sociedad. Está adquiriendo cada vez más resortes en detrimento de la sociedad civil.
No tendremos democracia si se debilita el poder de las instituciones que controlan al poder político. Este es el principal problema que los argentinos debemos resolver en las elecciones de octubre mediante el voto.
Si el estado conculca las libertades que pertenecen por derecho inalienable a las personas, los argentinos estaremos a merced del gobierno, dejaremos de estar protegidos por las leyes.
Los grupos con rivalidades –contrariamente a lo que decía Marx- pueden llegar a acuerdos o separaciones ventajosas para la sociedad mediante el diálogo. Si no se les permite comunicar las diferentes posiciones, no podrán adaptarse a la realidad y sobrevendrán consecuencias no deseadas.
Tampoco es cierto que el desarrollo del mercado aporte más pobreza. Por el contrario, donde se desarrolla hay más diferencia entre pobres y ricos, pero hay menos pobres y más clase media. La pobreza no es sinónimo de desigualdad social.
El mundo es demasiado complicado para saber en qué consiste pero podemos aprender de la Historia, para no cometer los mismos errores.
Atacar a la propiedad privada acaba con el pluralismo al concentrar el poder en el estado, aumenta la burocracia y con ello la corrupción.



El sistema al que nos lleva el gobierno actual es maquiavélico: se basa en la indiferencia de los medios morales para lograr fines políticos y en la astucia ligada a los resortes del estado para fortalecerlo y aumentar su poder. La finalidad de su política es conservarlo en desmedro del bien común.
Pero, más allá del éxito que logró Cristina en las urnas, tendrá problemas graves. La gente comenzará a notarlos, con claridad, cuando la situación internacional sea más desfavorable para Argentina.
Se precisa un golpe de timón y poner proa al mundo desarrollado. No es probable que la presidente opte por ello, si gana, en octubre. Se necesitan inversiones que no vendrán si no existen reglas claras e instituciones que las afirmen. Los grandes capitales requieren de la independencia de la Justicia para estar seguros.
La inflación se irá comiendo los salarios mientras el Banco Central seguirá emitiendo para facilitar el despilfarro del gobierno.
La mayoría no siempre tiene razón. Los sectores ligados al campo, votaron en masa a Cristina, cuando pretendía llegar al poder por primera vez. Pensaron que cambiaría el rumbo dado por su marido al gobierno. Creyeron que la realidad la obligaría a hacerlo, una utopía. Así les fue…
Hoy vuelve a ganar el kirchnerismo. Buena parte de culpa la tiene la oposición. Ni se unieron ni se diferenciaron del modelo kirchnerista. Los argentinos, sin remedio, una vez más, nos daremos la cabeza contra la pared.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”Lumiere.2006)
evaleronarváez@hotmail.com

Guillermo Moreno y su desconocimiento de principios económicos.

“El comercio puede mejorar el bienestar de todo el mundo.” “Los mercados normalmente constituyen un buen mecanismo para organizar la actividad económica.” “El nivel de vida de un país depende de su capacidad para producir bienes y servicios.” “Los individuos responden a los incentivos.”
Ninguno de estos principios económicos es tenido en cuenta por nuestro secretario de comercio. Las trabas burocráticas y la prohibición de importaciones, la insólita exigencia,-única en el mundo- de obligar a exportar si se quiere importar, entre otras medidas autoritarias, están dislocando la economía.
Los empresarios pierden, y en forma cada vez mas acelerada, los incentivos necesarios para invertir y producir. No encuentran un marco institucional adecuado, seguridad jurídica para sus inversiones, reglas de juego estables, y una moneda sana que les permita realizar el indispensable “cálculo económico”. Estos son factores indispensables para asegurar una corriente de inversiones que redunde en la creación de mayores puestos de trabajo y en la provisión de mayores y mejores bienes y servicios.
A l escenario “hostil” a las inversiones, a la producción, y al comercio, se suman los graves problemas derivados de las políticas estatistas y dirigistas en curso, como son la falta de infraestructura y servicios energéticos.
En todos los sectores de la economía argentina están disminuyendo, a niveles alarmantes, los índices de productividad. Moreno parece ignorar que la productividad representa la cantidad de bienes producidos con cada hora de trabajo y que Argentina está lejos de la que tienen los países más adelantados.
La economía solo puede mejorar si hay inversiones en el sector productivo privado y disminuye el gasto público. Solo así se podría conseguir un aumento genuino de la demanda de mano de obra y, consecuentemente, incrementos del salario en términos reales.
Tanto ignora Moreno el proceso central de generación de riqueza de un país, que las políticas antimercado del gobierno kirchnerista han ido de contramano a crear los incentivos necesarios para la inversión, con los resultados hoy a la vista y conocidos por todos: destrucción del capital acumulado: reservas petroleras, gasíferas y ganaderas, caminos, puertos etc.
Los capitales se fugan al exterior: 70.000 millones de dólares, desde que el kirchnerismo llegó al poder.
No es la competencia de países extranjeros la que provoca pobreza sino la falta de tecnología y herramientas necesarias para producir más.
El gobierno argentino aún cree en el mito de la “planificación central”. El socialismo, según grados, de acuerdo a sus variantes, nos ha ofrecido y nos ofrece como muy bien se observa en Cuba,, una economía creada en el seno del gobierno y apoyada por intelectuales, donde lejos de ser el resultado de las necesidades e interacciones de las personas, surge de gobiernos que llegan al poder mediante revoluciones o también mediante el voto. Todos, en mayor o menor medida, hieren de muerte a la propiedad privada ya sea mediante estatizaciones o interviniendo en los mercados.
Esquilmando a la sociedad, apropiándose del capital que le pertenece, pueden utilizarlo como ellos desean y con un objetivo fundamental: mantenerse en poder.
Argentina, como Venezuela, Bolivia y Ecuador, se va pareciendo más al modelo fascista donde se asfixia a la economía controlando los precios, deciden desde el gobierno que se debe exportar o producir, obstruyen los mercados, impidiendo que se desarrolle una economía capitalista.
Los argentinos no hemos aprendido de las experiencias que nos brinda la Historia. Tanto el sistema socialista como el fascista se oponen al capitalismo y a la democracia. Pretenden un estado poderoso donde los principios liberales son desechados: anulan el estado de derecho. La principal diferencia consiste en que los estados fascistas permiten la existencia de empresas privadas. Pero, en realidad, están bajo la continua intervención y el control estricto del estado. La dictadura es la consecuencia inevitable de ambos regimenes.
Los líderes políticos argentinos deberían especificar en sus plataformas políticas y electorales cual es el rumbo que van a seguir. No caben términos medios: si no se cree en la libertad política y económica, tarde o temprano, en la práctica, se termina en el socialismo o el fascismo. Las consecuencias son las que estamos comenzando a ver con claridad en nuestro país.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”LUMIERE.2006)
evaleronarváez@hotmail.com

LA POLÍTICA SE HACE CON LA CABEZA

“La política se hace con la cabeza”, escribió Max Weber. La pasión sola no sirve si no está al servicio de una causa que orienta la acción. El objetivo de todo político es alcanzar el poder y ello no es un pecado cuando va acompañado de finalidades objetivas y de responsabilidad. Si no existen objetivos, la pasión y el poder por si solos no bastan y pueden conducir a infortunadas consecuencias. No se puede actuar en el vacío como lo está haciendo el gobierno nacional.
El victoria de Mauricio Macri se dio a pasar de que fue considerado “el limite” para cualquier alianza o acercamiento por varios de los candidatos a presidente. Indica la importancia de lo que piensa la gente.
Los porteños premiaron la responsabilidad con que Macri miró el futuro. No escarbó sobre cuales fueron las culpas del pasado y encaminó su acción con un sentido: mejorar Buenos Aires, morigerar los problemas de la ciudad.
Fue así como encaró el gobierno, actuando dentro del derecho y de las instituciones intentando cumplir con fines determinados pensando con responsabilidad en las posibles consecuencias que tendrían sus acciones. Cometió errores, sin duda, pero exploró la realidad haciendo preguntas correctas para intentar las soluciones.
El actual jefe de gobierno tiene en su haber desde que comenzó su carrera política el cambiar el canibalismo político, que muchos de los que están en la arena política practicaban, por una relación connivente, de diálogo con todos los dirigentes opositores y con el gobierno nacional. De él que dependía, para realizar algunos de sus proyectos. Sin su aval no podía, por ejemplo, conseguir inversiones o mejorar la seguridad de la Ciudad.
Filmus, en la campaña, aseguró seguridad a los porteños porque cuenta con el apoyo del gobierno nacional. Esta extorsión que apareció, incluso, en los carteles de propaganda, en vez de tener el efecto deseado hizo que aumentaran los votos a Macri.
La gente recompensó a quien se lanzó a hacer lo que es decisivo en política: mirar de frente la realidad, soportarla, y estar a su altura. Fue así como sin violencia verbal actuó de acuerdo a lo que admiraba del político Max Weber, conforme no a la ética de las intenciones sino a la ética de las consecuencias.
Por otro lado, la oposición también aportó lo suyo. Algunos mostraron su disconformidad con el accionar del gobierno nacional y otros que no simpatizan con el Jefe de gobierno de la Ciudad, lo votaron, indicando una actitud racional al premiar más las políticas que al político.
Esperemos que Macri siga en la misma línea y además se anime a expresar ideas de tinte liberal, las cuales lejos de ser fascistas son las que defienden la libertad política y económica. Mientras, el país, tendrá, si el actual gobierno llega al poder, la oposición en la Ciudad. Y, si alcanza al sillón presidencial, alguno de los actuales competidores de Cristina Kirchner, la República se fortalecerá y con ello puede ser posible un futuro mejor para todos los argentinos.
Los políticos que dicen amar a la Argentina deben comenzar por crear las condiciones para que crezca y se desarrolle respetando la igualdad en la dignidad ética de las personas. Un Estado con la suma del poder público jamás lo hace. Necesitamos como pedía Alberdi que se ame a la Patria por sus instituciones, por los derechos y la seguridad que ella acuerda a sus miembros.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”. Lumiere.2006.
evaleronarvaez@hotmail.com

¿Cristina se cocerá en su propio jugo?

El sindicalismo- desde 1943- incrementó su burocratización y la idea fuerza de creer que el Estado era el que debía organizar en nuestro país, la vida política, económica, y administrativa. Esta idea se infiltró también en la gente, al punto de que se denostara a la democracia y por lo tanto a las ideas liberales que la originaron.
Profesores, literatos, periodistas, sectores altos y medios de la estratificación social, aún hoy, en mayor o menor medida, no comulgan con los valores liberales. Se trasunta en las prácticas políticas y sindicales, en la mentalidad de empresarios, como también, en muchos hábitos de los argentinos.
Se comparte el gusto por los fundamentos del populismo: la autarquía económica, el paternalismo , el nacionalismo y el dirigismo estatal.
1983 significó un intento por regresar al sistema democrático, pero la debilidad intrínseca de los partidos nos catapultó a regresar, con el modelo kirchnerista, a un país que quiere ser gobernado como si fuera un cuartel. Los que piensan y actúan de manera opuesta al gobierno se convierten en adversarios o retrógrados.
La realidad-según quienes nos gobiernan- se comporta de acuerdo a la ideología que ellos sustentan. Las opiniones son correctas si coinciden con los intereses de los que mandan. Cristina Kirchner y sus aláteres no consideran, ni remotamente, que sus ideas son reaccionarias. No existen, para ellos, los datos de la realidad, ni la discusión crítica, lo que importa es que se acepten dogmáticamente sus ideas.
Lo prueba la sostenida persecución a la prensa mediante censura e intimidación, como también, las operaciones en contra de los candidatos opositores. No aceptan de buen grado la lucha política típica de la democracia. Con los poderes del Estado la orientan favoreciendo a los candidatos que no le hacen sombra o eclipsando, con aviesos manejos, a los mejor colocados en la lucha por el poder.
El gobierno no tiene una visión desinteresada de la realidad, solo le importa obtener éxito en la práctica política inmediata.
Pero, es posible, que Cristina – si llega a un segundo mandato- se cueza en su propio jugo. La inflación, la falta de inversiones y el poder dominante de los líderes sindicales, asociados a la tradición peronista mas burocratizada, avanzarán, aún más, sobre un poder ejecutivo cada vez más debilitado, acarreándole serios problemas.
El Estado deberá recurrir a controles, cada vez mas autoritarios, sobre una dirigencia sindical, que aunque dependiente de sus favores, tiene que representar adecuadamente a los trabajadores si quiere mantenerse en el poder. Ello acentuará las pujas reivindicativas y, por consiguiente, disminuirá el ascenso de la actual presidente.
Cristina no es Perón, quien subordinaba a toda la dirigencia gremial a su estrategia.
Necesitará del apoyo de los partidos para imponerse y, como bien se nota, están y estarán inermes por la acción del gobierno, por la inoperancia de alguno de sus líderes y por la politización de los sindicatos. No parece posible que éstos últimos sigan adaptándose, fielmente, a las decisiones del gobierno y se sometan a seguir siendo –sin costosos premios- a ser dirigidos contra sus rivales.
Los problemas, propios de la urgente coyuntura a la que nos vamos aproximando, necesitarán de propuestas y soluciones que no van ligadas a la ideología kirchnerista sino a los preceptos constitucionales, muy relegados en estos últimos años. Las políticas que ellos impulsan son de muy diferente signo al del gobierno actual.
Se tendrá que volver a intentar, lo que se inició en 1983, lamentablemente sin resultados evidentes: la consolidación del sistema de partidos. Sin ello, no se logrará que la opinión pública aprecie la política -hoy considerada despreciativamente- y se abrirá la ventana a regímenes autoritarios, como lo demuestra, claramente, nuestra Historia.

Elena Valero Narváez. Autora de “El Crépúsculo Argentino” Lumiere. 2006
evaleronarvaez@hotmail.com

Estados Unidos en el proceso mundial de globalización.

La sociedad de alta complejidad nos muestra como la cultura occidental al extenderse por el mundo trae no solo grandes beneficios sino, también graves problemas. Quienes rechazan los cambios acelerados a los que ella nos tiene acostumbrados, los enemigos de la sociedad abierta, persisten en ideas erróneas, entre ellos, pequeños grupos terroristas. Con el poder que les da la tecnología incorporada de la sociedad occidental que aborrecen, intentan minar, con atentados, la fortaleza de los países que mejor la representan.
La secularización, que no es irreligiosidad, es una de las características que mas rechazan los terroristas que aún pertenecen a estados dominados por gobiernos donde la religión se une al poder político y la tradición aún es sagrada y dominante.
Los problemas se profundizan por el proceso de globalización que transitamos. No es otro que la extensión de la cultura occidental por todo el planeta. Vemos como en países islámicos recién ahora piden los derechos que ya visualizaba, el pensador ingles, John Locke, en el siglo XVII.
El pasaje de una sociedad de rasgos tradicionales a una sociedad compleja significó afrontar una revolución cultural, política y económica enorme. El mundo occidental debió enfrentarse a los enemigos de la sociedad abierta: el socialismo, el anarquismo, el marxismo, el nacional socialismo y a los nacionalismos populares que aún perduran en el mundo. Nosotros aún los sufrimos en America Latina.
Los diarios de hoy analizan la forma en que murió Ben Laden. Sermonean, tal vez con razón, la manera de llevarla a cabo y la actitud triunfalista del presidente norteamericano al anunciar el éxito de la operación que termino con la vida de un asesino implacable.
No está mal hacer críticas al respecto pero caben, también, a la actitud, extremadamente hostil que muchos occidentales tienen hacia EEUU, país que mejor representa la democracia en el mundo.
Se le exige la perfección cuando los mismos Padres Fundadores reconocían que por la misma disposición de la naturaleza humana era factible que los americanos se alejaran a veces de las normas republicanas. Eran, incluso, conscientes de la improbabilidad de la empresa. Aún los que se creyeron eran “un pueblo elegido” sabían que debían afrontar enormes pruebas si querían conservarla.
Los que gobernantes de los Estados Unidos son hombres, pueden cometer errores pero, hay que destacar que la tradición política norteamericana no cambia: tanto demócratas como republicanos adhieren a la constitución, a la libertad individual, y al imperio de la ley, se esfuerzan por no alejarse de la democracia. Y, entienden, que ella debe ir unida a una economía capitalista si se quiere lograr el bienestar de la mayoría.
Mas allá de que parte del pueblo americano prefiere el aislacionismo, los gobernantes norteamericanos se involucraron en dos guerras mundiales y en la llamada guerra fría porque entendieron que era imprescindible para el interés nacional. Ayudaron a derribar monstruos totalitarios. Ahora deberán luchar contra uno de los males del siglo: el terrorismo internacional, que seguirá intentando imponer el terror y la destrucción en los países occidentales.
Si el mundo democrático quiere menos participación de EEUU en la solución de los conflictos de éste siglo, entre los cuales se halla el terrorismo, debiera cooperar mucho más en vez de endilgarle casi toda la responsabilidad al gobierno norteamericano.
En cuanto a los cargos que se le hacen por actuar manchando la democratización de la política exterior por haber actuado unilateralmente en la operación reciente en Paquistán, no se tendría que obviar en el análisis, lo dificultoso que hubiera sido preservar el secreto cuando el gobierno de ese país sabía de la presencia de Osama Ben Laden en la casa donde fue ultimado.
Es paradójico que se presenten, siempre, cargos a EEUU, país que apoya y defiende la libertad mientras que la historia muestra como se ha olvidado de acusar las guerras de “liberación nacional” emprendidas por la URSS y la violación a los derechos humanos que aún afligen en Cuba, Corea del Norte, y en otros países del mundo, incluido nuestro propio país donde hay preso políticos que aún claman por justicia.
Me pregunto si no tendrían que tener mucha más presencia, las naciones democráticas del mundo, cuando se viola el derecho a la libertad de modo habitual, Parece que olvidan el peor crímen: no asegurar, universalmente, la vigencia de derechos civiles tan caros a la persona humana como son el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad privada.
Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”. Lumiere.2006)
evaleronarvaez@hotmail.com