Reinhard Heydrich: el secuaz más cruel de Hitler

Por Jacinto Antón

REINHARD HEYDRICH, "el verdugo de Hitler", fue el más abyecto de los criminales nazis. Ambicioso, resentido, frío y calculador, el jefe de seguridad del III Reich, ideólogo de la 'solución final', impulsó con saña el exterminio de millones de judíos. Acabó sus días en Praga, asesinado por un comando checo.


Una cripta es un buen lugar para empezar la historia de un tenebroso asesino. Aquí, debajo de la catedral ortodoxa de los santos Cirilo y Metodio, en Praga, en la calle Resslova, se escondieron los paracaidistas tiranicidas que mataron en 1942, en el pináculo de su carrera, al temible Reinhard Heydrich, el poderoso jefe de seguridad del III Reich, virrey de Hitler en Checoslovaquia y eficiente organizador del exterminio del pueblo judío. Es difícil imaginar a un tipo peor que Heydrich, aunque desde luego era polifacético: además de ser malvado, tocaba el violín, pilotaba aviones, navegaba y practicaba la esgrima. "La bestia rubia", se le ha llamado, y también "el verdugo (der Henker) de Hitler" y "el carnicero de Praga". Eichmann trabajaba para él, y se dice que hasta Himmler, del que era nominalmente subordinado y protégé, llegó a tenerle miedo. Ambicioso, resentido, frío y calculador, Heydrich dirigió con mano de hierro el enjambre de criminales del sistema policial más perverso que ha conocido el mundo. Su espectro, enfundado en el uniforme de general de las SS con el que se sentía tan a gusto, parece deambular furioso por este tétrico lugar de la capital checa clamando todavía venganza, como si no le hubieran aplacado los ríos de sangre vertidos en su nombre y la destrucción en represalia por su muerte de todo un pueblo: Lidice.

La cripta de la iglesia de Praga conserva elocuentes testimonios de la lucha desigual entre el puñado de hombres valientes que cazaron al monstruo en una operación de ribetes suicidas y la jauría lanzada para capturarlos. En las paredes de piedra, cubiertas de nichos -gracias a Dios, hoy vacíos-, se observan numerosos impactos de bala; en una vitrina pueden verse una pistola Colt de 9 milímetros, una granada Mills y una metralleta Sten de los paracaidistas, así como un libro empapado en la sangre de uno de ellos. En este claustrofóbico subterráneo estuvieron refugiados durante 20 días, tras su exitosa acción del 27 de mayo de 1942, los tres autores materiales del asesinato o "liquidación militar" de Heydrich, los sargentos de la Brigada Checa instruidos en el Reino Unido Jozef Gabcik, Jan Kubis y Josef Valcik, junto con otros cuatro paracaidistas encargados de otras misiones, pero que se ocultaron en el mismo lugar para escapar de la inmensa redada policial montada por los nazis. Denunciados por un camarada traidor, el sargento Curda –con fama de borrachín, aunque parezca un chiste fácil-, y tras conseguir la Gestapo la pista final de su paradero torturando a una joven resistente a la que se presentó la cabeza de su madre flotando en una pecera, los siete paracaidistas lucharon como fieras en la iglesia. Tres hicieron frente con sus armas desde el coro a los soldados de las Waffen SS que irrumpieron a tiros en el santo lugar -el total de efectivos movilizados en el ataque por los nazis superó los 800 hombres-. Cuando después de dos horas cesó el fuego, los alemanes descubrieron los cuerpos de dos paracaidistas muertos que se habían envenenado con las cápsulas de cianuro proporcionadas a todos sus agentes por el servicio de operaciones especiales británico (SOE) y el de un tercero tan malherido que falleció poco después de ingresar en un hospital.

El resto de los paracaidistas se había atrincherado, en plan Termópilas, en la cripta y no fue fácil reducirlos. Los atacantes bombearon agua a través de un ventanuco; lanzaron granadas, bombas lacrimógenas y ráfagas de ametralladora por una trampilla, y finalmente entraron en tromba en la oscura catacumba, pero tuvieron que retirarse con varias bajas. Mientras preparaban un nuevo asalto y abrían con explosivos el acceso a la anegada cripta bajo el altar mayor sonaron cuatro tiros. Los cuatro valientes paracaidistas habían dirigido sus pistolas contra ellos mismos para no caer en manos de la Gestapo. En total resistieron seis horas. En la cripta puede verse el agujero que empezaron a cavar en un muro, en un infructuoso intento de alcanzar el sistema de alcantarillado para huir.

Los visitantes del lugar, convertido en un memorial a los héroes de la Heydrichiady, la ola de terror desatada tras la muerte de Heydrich, y de la resistencia antinazi en general, han dispuesto pequeñas ofrendas, flores y mensajes en papelitos que ensalzan el valor de los que lucharon aquí. En este momento, cuando acaba de marcharse un extravagante grupo de jóvenes checos caracterizados de soldados rusos de la II Guerra Mundial que sin duda participan en alguna de las ceremonias con reenactments (reconstrucciones históricas) del 60° aniversario de la liberación de Praga, el 9 de mayo, sólo quedan en la cripta quien firma estas líneas y un anciano trajeado absorto en un icono que pende de la pared. Se escucha un fuerte golpe arriba, en la iglesia, y el viejecito pone cara de susto y grita: "¡Gestapo!". Luego ríe encantado de su broma -arriba lo que hay es un bautizo- y del efecto que ha producido. Se presenta, sin dar su nombre, como si estuviéramos aún en la clandestinidad, como "un antiguo miembro de la RAF" -los encargados de lanzar a los paracaidistas checoslovacos en sus peligrosas misiones- e invita a tomar un café en el bar de la esquina, U Parasutistu (Los Paracaidistas), dedicado monográficamente, con gran sentido de la oportunidad, a la resistencia y la acción contra Heydrich. "Un gran hijo de ***", establece el viejo aviador, que finalmente ha optado por una cerveza, ante el retrato canónico del jerarca nazi que puede verse en un rincón, y que lo muestra como Reichprotektor de Bohemia-Moravia, enfundado en el ominoso uniforme de Obergruppenführer (general) de las SS. Desde luego no es la imagen de una buena persona. Emana de la fotografía un aura increíblemente siniestra y un claro mensaje de amenaza. Incluso en este mediodía soleado de primavera en Praga, uno no puede evitar un escalofrío.

Reinhard Tristan Heydrich nació el 7 de marzo de 1904 en la ciudad sajona de Halle y nada hacía prever que fuera a ser un monstruo. De hecho, estaba bajo el amable signo de la música: su padre era un compositor de cierta fama, Bruno Heydrich, y sus dos nombres de pila estaban tomados de sendas óperas, el primero del personaje de una de las obras líricas paternas y el segundo de la célebre de Wagner (Cosima era amiga de Bruno Heydrich). La madre, Elisabeth, era una ferviente católica. La manera en que Reinhard Heydrich -el pequeño y tímido Reini, como le llamaban familiarmente en casa, que aprendió a tocar ya de niño virtuosamente el piano y el violín (fue un consumado intérprete de este instrumento toda su vida) y se interesaba por la química- llegó a convertirse en el hombre más temido de Europa es digna de la transformación de Anakin Skywalker en Darth Vader.

El joven Reinhard era un chico inteligente, introvertido y sensible, bastante guapo, pero con una voz chillona que le granjeó el apodo de "cabra" en el colegio (es obvio que después nadie le volvió a llamar así). Menos aún le gustaba el sobrenombre de Isi, judío, que le dieron al correr el rumor de que su familia era de ascendencia hebrea, un aserto que, como veremos, le persiguió toda la vida. La I Guerra Mundial y la debacle de la derrota sacudieron los cimientos de la plácida vida burguesa de la familia Heydrich, propietaria de un conservatorio. Reinhard, como el resto de sus compañeros de la escuela, formó parte de un cuerpo de voluntarios de defensa civil, y de 1919 a 1920 fue miembro del Freikorps Märker, una fuerza paramilitar de la derecha. De todas formas, su destino no parecía estar entre los patrioteros y belicosos agitadores callejeros de la Alemania de entreguerras, sino en el mar. Alentado por las visitas de un amigo de la familia, el almirante conde Félix von Luckner, el heroico comandante del corsario Seeadler, Heydrich decidió ser marino. Sus padres ya habían decidido que siguiera la carrera musical, pero accedieron a que ingresara en la Armada, en la práctica consideración de que ser oficial de la misma era socialmente aceptable. Así que Heydrich entró en 1922 en la base de Kiel con un violín, regalo de su padre, debajo del brazo. Con su refinada educación, su voz de falsete y su fisonomía delicada, casi femenina (tenia unos labios muy carnosos y unas manos finas y largas; "como arañas", describió su subordinado Schellenberg), sufrió bastante en el rudo ambiente militar. Un instructor la tomó especialmente con él y, borracho, le sacaba de la cama por las noches para obligarle a interpretar con el violín la Serenata de Toselli, una pieza que desde entonces Heydrich siempre aborreció. El joven recluta se refugió en la soledad y en los deportes, especialmente la esgrima, en la que se revelaría un consumado maestro (fue capitán del equipo de las SS y responsable de toda la esgrima alemana), aunque no muy caballeroso: al ser eliminado en un campeonato lanzó su sable al suelo con furia, y parece que su siniestra fama como jefe de la Gestapo –que lógicamente intimidaba si tenías que luchar con él- le permitió ganar bastantes combates.

En 1923, completada su instrucción, el cadete ingresó en la tripulación del crucero Berlín, donde conoció al que luego sería su gran rival en los servicios secretos alemanes, Wilhem Canaris, entonces oficial en el mismo buque. Heydrich trabó amistad con Canaris y se convirtió en un habitual en casa de éste, donde participaba en las veladas musicales con la mujer del anfitrión. Erika, que también tocaba el violín. Algunos días jugaban al cróquet. La relación con Canaris, el ambiguo jefe de espías responsable de la Abwehr, fue siempre muy compleja, y se ha afirmado que el almirante, en una de sus alambicadas operaciones de contrainteligencia, pudo estar detrás del -para él- oportuno atentado que costó la vida a Heydrich. Una teoría conspirativa que, no obstante, se ve contradicha por el hecho de que Canaris, el viejo zorro, pareció realmente afectado por la muerte del antiguo amigo y lloró en su funeral (véase Hitler's spy chief de Richard Basset. Weidenfeid & Nicolson, 2005).

La carrera naval de Heydrich iba viento en popa: ascendió a teniente, era apreciado por sus superiores y famoso por sus éxitos deportivos -vela, equitación, esgrima-, cuando conoció a la que sería su mujer. Lina Matilde von Osten, una belleza rubia con un hermano en las SA y ella misma miembro entusiasta del partido nazi -una mala persona (véase el capítulo que le está dedicado en Las mujeres de Hitier. Plaza & Janes, 2003): tras la guerra fue condenada en Praga a cadena perpetua en ausencia por el uso de trabajadores esclavos para ampliar y cuidar su finca checa-, Fue un flechazo, y al poco se comprometieron. Pero entonces estalló el drama: una chica con la que Heydrich había tenido un oscuro affaíre se sintió ultrajada por el anuncio de ese compromiso y se quejó a los superiores de nuestro hombre. La joven era hija de un amigo íntimo del almirante Raedor, nada menos, y el asunto le costó a Heydrich un juicio de honor y su expulsión sumaria de la Armada por atentar contra el código de conducta de la misma, que estipulaba que todo oficial debía ser a la vez, por supuesto, un caballero. En cuestión de faldas, desde luego. Heydrich no lo era. Poseía un insaciable apetito sexual, con un lado sádico, y su relación con las mujeres -aunque aparentaba ser un amantísimo marido y ejemplar padre de familia (tuvo cuatro hijos, uno póstumo)- fue la de un depredador. Su larga mano -y nunca mejor dicho- llega incluso a Barcelona, donde, durante una recepción naval en el Club Alemán en sus tiempos de oficial de la marina, fue abofeteado públicamente por una joven con la que se propasó.

El que fuera célebre intérprete de las autoridades nazis en Italia y oficial de las SS, Eugen Dollman, relata en sus memorias, Intérprete de Hitler (Juventud, 1969) -en las que, por cierto, dice de Heydrich que fue el único de los líderes nazis al que instintivamente temió desde que le vio-, la visita a un burdel en Nápoles con el ya jefe de los servicios secretos. Heydrich convocó allí a todas las prostitutas y arrojó un puñado de monedas de oro al suelo para verlas arrastrarse delante de él, una imagen digna del peor de los jefes de las cohortes pretorianas de Domiciano.

La expulsión de la Armada en 1931 fue un golpe terrible para Heydrich, el peor de su vida, y lo que le condujo a las SS y a su carrera de genocida (desgraciadamente, este reverso oscuro de Lord Jim no prefirió perderse en un lejano Patusán). Dolido, humillado y rencoroso, en la calle y sin empleo, acabó ingresando en la única estructura militar de cierto prestigio que podía aceptar a un hombre marcado como él: la Schutzstaeffel (SS). En esa nueva y siniestra aristocracia halló un sustituto a sus ansias de reconocimiento social y una forma también de pasar recibo al mundo que le había rechazado. Las SS seguramente estuvieron encantadas de reclutar en sus filas a un ex militar desarraigado y despechado como Heydrich que además, a diferencia de otros miembros y líderes del partido, tenía un formidable aspecto ario con su altura, su complexión deportiva, su cabello rubio y sus ojos azules. De hecho, Heydrich fue considerado "el hombre de las SS ideal", un elogio que hoy nos deja un tanto perplejos.

En todo caso, su llegada a las SS tuvo algo de saínete, como explica Richard Breitman en su iluminador libro sobre Himmler The architect of genocide (Pimplico, 2004): enterado de que Himmler buscaba a alguien para organizar un servicio de inteligencia de las SS -lo que sería el temible SD (Sicherheitsdienst, servicio de seguridad)-, Heydrich se presentó sin avisar en la granja de pollos del Reichsführer en Waldrudering, y allí el jefe de las SS -tan amante de la agropecuaria y la jardinería como de los campos de concentración- le sometió a un rápido interrogatorio y le pidió que esbozara un proyecto para la nueva sección. Heydrich improvisó basándose en su experiencia como lector de novelas de espionaje -para que luego digan que leer género policiaco es perder el tiempo- y se hizo con el puesto. Parece ser que en la decisión de Himmler desempeñó un papel importante la confusión que se hizo, pese a ser hijo de maestro, con la palabra alemana Nachrichtenoffizier, que puede significar oficial de inteligencia u oficial de señales, que es lo que Reinhard Heydrich era en la Armada.

Los historiadores advierten, sin embargo, de lo incorrecto de ver a Heydrich sólo como un oportunista amoral: fue en realidad un convencido ideólogo del credo nazi, y sus crímenes derivaron de su fanatismo y su entrega a la causa hitleriana.

El nuevo y flamante miembro de las SS (número 10.120) aprovechó para casarse con Lina von Osten en una ceremonia en la que no faltó la esvástica en el altar y el Horst Wessel Lied en el órgano. De regalo de bodas, Himmler le ascendió a Sturmbannfürer (mayor). Heydrich se puso manos a la obra con la SD y formó un instrumento retorcido y maligno consagrado a la intriga y el espionaje. Sin embargo, de nuevo apareció un contratiempo: el viejo tema de la sangre judía. Seguramente fruto de las intrigas y envidias dentro del partido, el asunto llegó a las autoridades y se exigió una investigación en profundidad sobre una familia que contaba nada menos que con un Süss en sus filas. Heydrich salió del examen como "puro ario", pero las sospechas no se desvanecieron nunca del todo. Contribuyó a ello el que desaparecieran muchos indicios de la genealogía de Heydrich (y algún testigo). La lápida de la tumba de su abuela, por ejemplo, que rezaba Sarah Heydrich, se convirtió misteriosamente en S. Heydrich. Es posible que esa espada de Damocles de la sangre judía actuara como acicate del fanatismo antisemita de Heydrich. También debió de servir para que se ejerciera una presión sobré él desde las altas instancias del partido (Joachim Fest dice que era "chantajeable"). Heydrich se reveló desde el principio como un terrible Maquiavelo policial. Una de las primeras pruebas de sus grandes capacidades la dio con motivo de esa gran noche de San Bartolomé parda que fue el golpe contra las SA. No tuvo el menor escrúpulo en planificar la muerte de Ernst Röhm, padrino de su hijo mayor.

En poco tiempo, el duro, despiadado, intrigante y eficiente Heydrich, a la sombra de Himmler, consiguió reunir en sus manos un poder colosal: fue nombrado jefe de la policía de seguridad (SIPO), que incluía la Gestapo, y finalmente responsable de la Reichssicherheitshauptamt (RSHA), la gran oficina central de seguridad del Reich, la temible telaraña que incluía a todas las agencias policiales y de espionaje. El organismo tenía entre sus responsabilidades, por supuesto, ocuparse de los judíos, considerados principales enemigos del Estado. El 31 de agosto de 1939, Heydrich tuvo el dudoso privilegio de alzar la punta del telón de la II Guerra Mundial: fue el encargado de la Operación Tannenberg, dedicada a simular una agresión polaca que justificase propagandísticamente la invasión de Polonia al día siguiente. Se utilizaron prisioneros del campo de Sachsenhausen, ejecutados a sangre fría, para simular supuestos soldados polacos atacantes. Durante la campaña de Polonia, las SS iniciaron su programa de asesinatos en masa a través de las unidades especiales de la policía de seguridad de Heydrich, los tristemente célebres Einsatzgruppen, que luego sembrarían el terror en la Unión Soviética cometiendo atrocidades sin cuento.

Nuestro personaje se fue involucrando paulatinamente en los aspectos más abyectos del régimen nazi, y casi como una consecuencia lógica acabó siendo fundamental en la "solución final de la cuestión judía", un papel por el que, de haber sobrevivido a la guerra, le hubieran ahorcado sin duda alguna en Núremberg. Por orden de Goering organizó la famosa Conferencia de Wannsee, que reunió, el 20 de enero de 1942, a un grupo de altos cargos del III Reich para disponer las medidas administrativas y la logística del Holocausto (véase La villa, el lago, la reunión, de Mark Roseman. RBA, 2001). Sólo por esa fructífera reunión -en la que se discutió, entre buenos vinos y cigarros, la aniquilación de millones de personas- merece Heydrich pasar con matrícula a la historia universal de la infamia. Existe un estupendo filme moderno acerca de la Conferencia de Wannsee (La solución final, 2001) en el que el papel de Heydrich lo interpreta -con ese desconcertante convencimiento que aportan los británicos a sus papeles de villanos nazis- el shakespeariano Kenneth Branagh. Hay otras dos películas, espléndidos clásicos, en las que aparece Heydrich, ambas centrados en su asesinato en Praga: Hitler's madman (1942), de Douglas Sirk, y Hangmen also die! (1943), de Fritz Lang, en cuyo guión colaboró Bertolt Brecht.

Desde septiembre de 1941, y gracias a una ocasional alianza con Bormann, Heydrich compaginaba sus responsabilidades de policía y seguridad del imperio de Hitler con el alto cargo de Reichprotektor de Bohemia-Moravia, en sustitución del débil Von Neurath. En ese puesto convirtió el país virtualmente en un Estado de las SS y desarrolló al máximo sus perversas cualidades, para horror de los checos. Su éxito en destruir la resistencia y cualquier tipo de oposición resultó tan aplastante -a base de una campaña de represión brutal- que, paradójicamente, fue una de las causas de su asesinato. Los círculos checos en el exilio en Londres se vieron obligados a realizar una acción espectacular que demostrara al mundo que el pueblo choco no se había plegado a la tiranía nazi. Así nació Anthropoid, la operación de comandos para matarlo.
Heydrich despreciaba a los eslavos y les preparaba un destino de esclavitud en el Reich de los mil años. Ese desprecio y el alto concepto que tenía de sí mismo y del miedo que provocaba le hicieron descuidar su seguridad personal. Los paracaidistas entrenados en el Reino Unido le tendieron una emboscada el 27 de mayo de 1942 cuando se trasladaba como cada día, a la misma hora y sin escolta, en un coche descubierto junto a su chófer SS Joharmes Klein, desde su domicilio en las afueras de Praga (una suntuosa mansión confiscada a un judío) hasta su despacho oficial en el castillo Hradcany. Aprovechando un recodo del camino en el que el automóvil del Reichprotektor debía reducir la velocidad, ya en los suburbios de la capital, el sargento Gabcik se abalanzó esgrimiendo su metralleta Stein para rociar el coche con una ráfaga mortal. Apretó el gatillo y... nada. El arma se le había encasquillado. En ese momento, Heydrich tomó una decisión fatal: en vez de ordenarle a Klein que acelerara -lo que hay que hacer en estos casos-, le mandó parar para enfrentarse al atacante con su pistola. Entre los muchos defectos de Heydrich no estaba la cobardía. Muy al contrario, era un tipo descerebradamente arrojado que aprendió a pilotar aviones y, durante la guerra, no dudó en volar con la Luftwaffe en misiones de reconocimiento y combate, primero en Noruega y Francia (ganó la Cruz de Hierro y otras condecoraciones) y luego en Rusia, donde, por lo visto, a los mandos de su propio caza Me-109 decorado con su runa particular, fue derribado y hubo de ser rescatado tras las líneas enemigas. Hitler tuvo un ataque de furia al enterarse de que su gran especialista en seguridad y guardián de tantos secretos se arriesgaba imprudentemente, y Himmler le prohibió entonces volver a volar. Al detener el coche aquel día en Praga, Heydrich posibilitó que el otro ejecutor del atentado, el sargento Kubis, cumpliera su misión complementaria de arrojar una bomba de mano confeccionada para la ocasión a partir de un proyectil antitanque. El artefacto impactó contra el costado del Mercedes 320 y explosionó, hiriendo al mandatario nazi con esquirlas y trozos de la carrocería.

En el momento del atentado, Heydrich preparaba un nuevo salto en su carrera. Confiaba en ser nombrado por Hitler Reíchkommisar encargado de la seguridad global de todos los territorios ocupados. Era su objetivo extrapolar la experiencia del Protectorado especialmente a Francia para reducir a la resistencia gala con los mismos métodos despiadados. Sumado a sus responsabilidades en Interior y contraespionaje y sus tareas en la deportación de los judíos, el nuevo cargo hubiera hecho de Heydrich una figura de primerísima fila del III Reich, según subraya el historiador Callum MacDonald en The killing of Reinhard Heydrich (Da Capo, 1998), seguramente el mejor libro sobre el personaje y su asesinato. Guita Serenv para la que Heydrich fue "la personalidad más oscura del firmamento nazi", cree que su ambición era reemplazar a Himmler. Otros historiadores, sin embargo, disienten. Richard Overy dijo recientemente a quien escribe estas líneas que la cúpula nazi no hubiera tolerado a un Heydrich más poderoso que amenazara a los verdaderos líderes, y que su destino era "moverse hacia los lados, pero no hacia arriba". Por su parte, en otra conversación, el también historiador Richard J. Evans opinó que Heydrich, pese a todas sus maniobras, no habría dejado de estar subordinado a Himmler.

Sea como fuere, pensando quizá en cómo se desvanecían sus sueños, Heydrich se desangraba en la calle aferrado a su pistola y a su odio. Ingresado en el hospital Bulovka, pareció en principio que las heridas del mandatario nazi no eran mortales y se recuperaría -para horror de todos-; pero, al cabo de unos días, su estado se complicó repentinamente, se le declaró una septicemia, sufrió un colapso general y murió el 4 de junio. Se ha especulado con que la bomba contuviera alguna toxina aportada generosamente por los servicios secretos británicos o con que una mano negra en el hospital actuara contra el postrado asesino. Parece más probable que lo que envenenara a Heydrich fuera una bacteria introducida en las sucias heridas provocadas por el metal de la bomba y los fragmentos de carrocería. En el cuerpo lacerado del Reichprotektor se encontraron incluso restos de la crin de caballo usada como relleno de los asientos. La causa de la muerte fue anotada como "infección de herida". Himmler había enviado sus mejores médicos de las SS -cosa que asustaría a cualquiera- para tratar a su mano derecha, pero resultaron inútiles. Hubo una agria polémica cuando el médico de Hitler, Theo Morrell, denunció como mala praxis el uso de sulfamidas por parte del doctor Karl Gebhart, cirujano jefe de las Waffen SS, para tratar al herido. Eso dio lugar, en la espantosa lógica nazi, a una atrocidad que es un buen epílogo para la carrera de Heydrich: Gebhart se instaló en el campo de concentración de Ravensbrück y se dedicó a experimentar con prisioneras -a las que causaba heridas y luego se las infectaba él mismo- para demostrar que su tratamiento del Reichprotektor no había sido equivocado. Esos experimentos provocaron la muerte y el sufrimiento de un grupo de presas seleccionadas como cobayas humanas, las llamadas Kanichen (conejos), en su mayoría polacas. El pasado abril pude conocer a una de las supervivientes en las ceremonias de liberación del campo de Ravensbrück y me mostró sus piernas surcadas por grandes cicatrices, marcas atroces que, de alguna manera, conducían tortuosamente hasta Heydrich.

Al conocer la noticia del asesinato, Hitler -que siempre mantuvo cierta distancia incómoda con el gran verdugo de su régimen- inicialmente denostó con rabia a su subordinado por imprudente; luego comparó su muerte a la pérdida de una batalla, y finalmente lo calificó emocionado, en su funeral de Estado en la Cancillería del Reich, en Berlín, de “hombre con el corazón de hierro". Los líderes nazis despidieron al único de los suyos muerto en atentado con una ceremonia espectacular. La Filarmónica de Berlín interpretó la marcha fúnebre de Sigfrido anticipando el Gotterdämmerung de 1945, e incluso el Führer tuvo un gesto con los hijos de Heydrich -el mayor de los cuales murió poco después atropellado por un camión- que recuerda poderosamente la caricia a los niños soldados de la Volkstrum en los jardines del bunker, poco antes de suicidarse.

En Praga aún se recuerda el silencio expectante que se creó tras la noticia del atentado. La venganza nazi se desató luego de esa calma como un latigazo, una tempestad inmisericorde. Las represalias se sucedieron brutalmente: ejecuciones masivas; deportaciones; la destrucción completa de Lezaky y Lidice, localidades a las que se atribuía haber dado refugio a los paracaidistas, cuyas cabezas cortadas se empalaron en picas y se exhibieron. Las de Gabcik y Kubis se conservaron en formol en el palacio de Pecek hasta el final de la guerra.

Hoy es una experiencia estremecedora recorrer la hermosa ciudad, tomada por los turistas, siguiendo las huellas de Heydrich. Sus pasos resuenan en la escalinata del castillo Hradcany, donde uno imagina ondear las grandes banderas de las SS; la música de su padre parece flotar en el palacio Valdstejn, donde el líder nazi asistió a un concierto en honor de Bruno Heydrich la víspera de su asesinato. El escenario del atentado, en el cruce de las calles V Holesovickach y Zenkiova, ha cambiado, pero uno espera intranquilo ver aparecer el siniestro Mercedes del Reichprotektor en cualquier momento. El peor lugar es, sin embargo, el cementerio judío, en el que las lápidas se amontonan como los pecados de Heydrich, el Golem de Hitler, creando largas sombras en el crepúsculo. Por la noche, después de ver a los patos nadar en el Moldava y recorrer los locales de copas de Mala Strana, recordé el viejo rito eslavo para conjurar los espectros demoníacos: escupir sobre el fuego. Lo hice encima de una bujía encendida en el suelo a la puerta de un bar, musitando el nombre de Reinhard Heydrich, y la llama se apagó con un siseo airado de serpiente.

Artículo de Jacinto Antón aparecido en El País Semanal el 3 de julio de 2005.

PLEGARIA EN LETRA DE TANGO

(de R para E)

Esta costumbre de estar con Vos
ausente
y conversarte
En la ciudad de enloquecido asfalto
esa costumbre tengo,
parecida a un bandoneón clamando
en un anónimo atardecer
de barrio
emergiendo
desde alguna ventana que el recuerdo entreabre.
Esta costumbre de buscarTe,
aún ausente, aún distante,
aquí
por estas calles queridas
a pesar de todo,a pesar
del lodo
a pesar de tanta vida
fragmentada y perdida
Esta costumbre de estar con Vos,
presentida presencia tan lejana,
reitero
cada día como un ritual
que me confirma y me da el sentido
ignorado y perseguido.
En el entrecruce de una esquina cualquiera pero mía,
la sombra se ilumina
y toda la ciudad advierte
esta costumbre de estar con Vos
ausente
y conversarte.

(José Isaacson)
Romantic Argentina 1932

1983... ¿Oportunidad perdida?


Elena Valero Narváez


“Nuestro gobierno no se cansará de ofrecer gestos de reconciliación indispensables desde el punto de vista ético. Sin la conciencia de la unión nacional será imposible la consolidación de la democracia. El país está enfermo de soberbia… Tene¬mos una meta: la vida, la justicia y la libertad para todos lo que habitan este suelo. Tenemos un método: la democracia para la Argentina Tenemos una tarea: gobernar para todos los argentinos, sacando al país de la crisis que nos agobia.” (Raúl Alfonsín, 1983)

El Dr. Raúl Alfonsín llegó a la presidencia de la Argentina en 1983. Había sido concejal y diputado nacional en su ciudad natal, Chascomús. Desde el derrocamiento del Dr. Illia disputó la conducción del partido radical a Ricardo Balbín.
Fue uno de los pocos que criticó el intento de recuperación de las Malvinas: aseguraba que ella encubría una crisis económica aguda, con problemas sociales acuciantes y pedía desde todas las tribunas comenzar, de inmediato, con un proceso de democratización.
Fernando de la Rúa apareció como contrincante en la lucha interna del partido, Alfónsín después de derrotarlo ampliamente, creció y se preparó con decisión para las elecciones nacionales. Recorrió el país en una campaña proselitista la cual, lo tuvo como actor incansable. Su figura fortaleció al Movimiento de Renovación y Cambio con el que llegó al poder.
Las elecciones fueron impecables y el partido justicialista no fue proscripto: comenzaba el camino hacia la democracia.
El presidente Arturo Frondizi, junto a María Estela Martínez de Perón, acompañaron al flamante presidente el día en que asumió el cargo.
Es cierto que Raúl Alfonsín tuvo que entregar el poder anticipadamente y que no pudo resolver problemas tan graves como la inflación pero, debemos reconocer, que el país no estaba preparado para un cambio de rumbo como era el que necesitaba para crecer y desarrollarse. Militares, sindicalistas, peronistas, intelectuales, buena parte del partido radical y la sociedad en general, no veían con buenos ojos el llamado de Alfonsín a capitales extranjeros.
Los críticas exacerbadas a su gobierno, olvidan que intentó, con la designación en el ministerio de Trabajo al sindicalista Mucci, democratizar al poder sindical. Su proyecto fue rechazado en el Senado: no tuvo más remedio que tratar de conciliar con los líderes sindicales ortodoxos, Saúl Ubaldini y Lorenzo Miguel, quienes le hicieron la vida imposible. Soportó 13 huelgas generales.
La debilidad del sistema de partidos provocaba que los sindicatos pudieran hacer y deshacer aumentando su poder de presión sobre el gobierno. En la actualidad vemos que Néstor y Cristina Kirchner aún los necesitan como aliados. El mejor golpe a Moyano y compañía se lo ha dado la Corte Suprema al iniciar el camino hacia la libertad sindical. Es lo que ayudará a fortificar el sistema de partidos que, penosamente, se está formando. También disminuirá la influencia de ideas reaccionarias que aún, por inercia cultural, persisten.
En política exterior fue lamentable que no fuera el Dr. Alfonsín, el que reanudara las relaciones con Inglaterra, cuando se había animado, entre tanta pasión nacionalista, a decir que la guerra de las Malvinas era un despropósito.
Durante su presidencia se resolvieron los problemas limítrofes con Chile, por los cuales estuvimos, en 1978, a un paso de la guerra.

En abril de 1985 se inició el proceso a los integrantes de las juntas militares. Los más altos jefes fueron juzgados por violaciones a los derechos humanos y más tarde, para pacificar a la sociedad argentina, no dudó en apoyar la leyes de obediencia debida y punto final aunque disminuyera su popularidad.

Alfonsín había luchado denodadamente por el respeto a los derechos humanos pero, comprendió, que no siempre un presidente puede conformar y obrar de acuerdo a todos los gobernados. A pesar de las críticas privilegió la paz, como lo hizo también el presidente Menem, con el decreto de amnistía que benefició a los dos protagonistas de la guerra que enlutó al país: militares y guerrilleros.

El 13 de agosto de 1987, el Poder Ejecutivo, puso en marcha un plan de privatizaciones de empresas que se encontraban bajo el control del ministerio de Defensa.

Rodolfo Terragno, ministro de Obras Públicas, propuso acabar con el monopolio de los servicios públicos. Ello permitía posibilitar la convivencia de las empresas del estado con las privadas pero, el proyecto de privatización parcial de Aerolíneas Argentinas y Entel naufragó, como otros buenos planes en el Congreso, por la oposición justicialista. Sin embargo, comprendemos a la distancia, que comenzaba a interesar el capital extranjero.

Esta intención del gobierno merece valorarse en su justa mediada. La cultura de los argentinos era estatista. Fue el primer signo de que nuevas ideas se estaban insinuando: Privatizar significaba achicar un Estado con una burocracia ineficiente y corrupta. También era un paso adelante hacia la posibilidad de fortalecer a la sociedad civil y disminuir enormes bolsones de corrupción: se proyectaba afianzar la democracia. La oposición justicialista rechazó la iniciativa y debió encajonarse el proyecto. Lo abrazará el presidente siguiente dando un giro de 180º al rumbo económico, al ver el fracaso, en esa área, del presidente Alfónsín: Carlos Menem, se decidió a encarar la reforma del Estado. Los ejemplos de Frondizi, Gorbachov, Felipe González deben haber influenciado en el cambio.

Carlos S. Menem, como Alfonsín, triunfó democráticamente, primero dentro de las internas del justicialismo y luego en las elecciones nacionales. Fernando De la Rua, no hubiera violado los principios de la democracia, sistema que presumiblemente hubiese perdurado, como también, una política acorde con la de los países desarrollados..

No intento en esta nota hacer un panegírico del Dr. Alfonsín al dejar de lado los errores que cometió durante su gobierno. Basta con decir que tuvo que entregar el poder anticipadamente. Esta actitud tiene un lado ponderable. La mayoría de los gobernantes intentan aferrarse al sillón presidencial aunque el mundo se venga abajo. Alfonsín, otra vez, prefirió actuar pensando en el bien de la República: se retiró anticipadamente de la presidencia.

Los argentinos, compramos o sacamos del cajón, en 1983, ejemplares de la Constitución para recitar, junto a Raúl Alfonsín, el preámbulo. Con júbilo festejamos la vuelta a la democracia, el sistema de estado por el cual se pueden resolver pacíficamente los conflictos. El gobierno, después de tanto tiempo, resultaba transparente a la vista de la sociedad, porque la opinión pública estaba institucionalizada, es decir, reconocida por el gobierno.

La opinión pública, lo que piensa la gente, es la encargada de ejercer control sobre los poderes de la República. La prensa tiene la responsabilidad de hacer manifiesta la opinión de la ciudadanía y de enterarla de los actos de gobierno, de analizarlos y criticarlos.

Hace apenas días el “equipo Moyano” interfirió en la distribución de los diarios Clarín, y la Nación, con el conocimiento del Gobierno Nacional. Se sumó a las constantes violaciones a la Constitución por parte del gobierno.

¿Fue 1983 una oportunidad perdida?
En este recuerdo sobre la restauración de la democracia en la Argentina muestro la añoranza por ese sistema de estado que tenemos muchos argentinos.

La disminución enorme de la popularidad del gobierno actual en las encuestas, señala que una gran proporción de gente valora la libertad, la libre iniciativa y la propiedad privada. Tal vez tengamos otra oportunidad.

Con la democracia no siempre se logra el éxito económico, pero la libertad nos permite, a pesar de la incertidumbre que provoca, crear, innovar, cambiar, y sobre todo, el funcionamiento de controles institucionalizados para perfeccionar el estado y con ello mejorar y engrandecer La República.

Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino” LUMIERE, 2006)

Peronismo: ¿Fascismo?

Por Esteban Lijalad

Una de las matrices que conforman el peronismo inicial es su componente fascista. Ambas etiquetas tienen un grado importante de “solapamiento”. Un buen fascista de los años cuarenta- en plena guerra -tranquilizando a sus amigos italianos respecto del carácter del reciente golpe del GOU, señalaba a Perón como “uno dei nostri”, según nos cuenta Pablo Giussani en su imprescindible “Montoneros, la soberbia armada”. El mismo Perón, en infinidad de entrevistas, alababa al fascismo, diciendo cosas como esta: “elegí cumplir mi misión en Italia porque allí se estaba produciendo un ensayo de un nuevo socialismo de carácter nacional. Hasta entonces, el socialismo había sido marxista, internacional, dogmático. En Italia, en cambio, el socialismo era sui generis italiano: el fascismo” (Entrevista con Tomas Eloy Martínez). Es famosa también su frase privada: ”Yo me propongo imitar a Mussolini en todo, menos en sus errores”.
Durante años la oposición a Perón, en especial la de izquierda, acusaba al peronismo de “nazifascismo”, y nadie se horrorizaba demasiado. Era obvia esta cercanía.
Pero después del 55 esa identidad o cercanía fue ignorada, como si fuera más bien una acusación infundada, solo útil para los “gorilas”. Las cosas se dieron vuelta de tal manera que Aramburu (aliadófilo, vasco antifranquista) para cualquier periodista promedio argentino, es “facho” y Perón,es poco menos que un Fidel Castro de las pampas. Absurdos que las ceremonias de la confusión que se celebran en el Peronismo ayudan a crear. “Gorila” como cuasi-sinónimo de “Nazi” es otra de esas ceremonias. Los Comandos Civiles radicales de Córdoba – estigmatizados hoy día como si fueran escuadrones de la muerte fascistas- surgieron a imitación de la Resistencia antifascista francesa.

Los años sesenta y setenta transformaron, mágicamente, al peronismo en un movimiento tercermundista, socialista, antiimperialista con solo algunos resabios retóricos de origen falangista, pero “nada preocupante”. Perón era un líder tercermundista como Nasser, Tito, Castro, Ben Bella o Mao, con limitaciones, pero al que había que acompañar, apoyar y – básico- al que se podría “influir” para que sus objetivos no se desviaran hacia el reformismo burgués y, en cambio, fueran una nueva “vía tercermundista” al Socialismo.
Al fin de cuentas, se podía transformar al Nacional Socialismo…en Socialismo Nacional. Un simple cambio de orden en las palabras.
De este modo se produjo una insólita transmutación: el peronismo pasaba de los arrabales de la derecha filofascista, al corazón de la Revolución antiimperialista y socialista.
Bajo este halo, nosotros, los que teníamos veinte años en los setenta nos hicimos peronistas.
No necesitábamos de mucho: un movimiento popular, ganador de toda elección libre, de base obrera, que había desestabilizado el sistema de poder durante quince años y que ahora se abrazaba con el movimiento de No alineados, con el Tercer Mundo en ebullición, no podía ser más tentador. Su “lado oscuro” (su base falangista y filo fascista, su furioso anticomunismo, la amistad política de Perón con Stroessner, Trujillo, Somoza, Perez Jiménez, Franco…), fue prolijamente borrado por las eficientes Cátedras Nacionales de Sociología, donde una generación entera de cuadros intelectuales recibía orientación ideológica básica. “ De cómo juntar en una misma bolsa al Che, a Evita, a Perón y a Kim il Sung y de cómo expulsar de esa bolsa a Franco, Stroessner o Mussolini”, así se llamaba la materia central de la carrera de Sociología en aquellos años. Hernández Arregui y Abelardo Ramos, nos explicaban el gorilismo de las izquierdas e instaban al nacimiento de una Izquierda Nacional, cercana al peronismo y lejos de cualquier componenda “gorila”.
Una carta falsa de Perón ante la muerte del Che- redactada por un agente de la KGB- (diciendo que “era el mejor de los nuestros”) le ponía digno broche a este casamiento de la izquierda revolucionaria con un movimiento tildado diez años atrás de “filofascista y burgués” por la izquierda argentina. Acusar en 1971 a Perón de fascista era como una broma de mal gusto que nadie en la izquierda de atrevía a hacer, a riesgo de ser acusado de gorila al servicio del Imperialismo.
Otras transformaciones hicieron posible el milagro de la transmutación.

-Había surgido un “ala izquierda” del Peronismo: el Peronismo Revolucionario antes aun del fenómeno montonero que aparecería varios años después. Los Peronistas Revolucionarios no eran jóvenes de clase media, católicos a la manera de los Firmenich, o marxistas mutados en nacionalistas, sino cuadros políticos formados en la Resistencia y atraídos luego por la Revolución Cubana. John William Cooke fue su referente principal, el primero que quiso unir lo útil con lo agradable, Peronismo y Socialismo a la cubana

- El Peronismo de la Resistencia había adoptado la vía armada y dejado una experiencia y una memoria insurreccional antes aun de la aventura castrista. La imagen de guerrilleros peronistas en los montes tucumanos cazaba perfectamente con la reciente mitificación del Che debida a su muerte boliviana.

- La Iglesia abandonaba las posturas conservadoras y surgía el movimiento de sacerdotes del Tercer Mundo. Había olvidado las vandálicas quemas del año 55 y exhibía su simpatía peronista desde la cúpula hasta los sacerdotes de las villas miseria

- La Patria, la Nación, otrora los valores básicos de la derecha aparecían ahora bajo otra luz: la consigna cubana “Patria o Muerte, Venceremos” revalorizaba el nacionalismo, ahora rebautizado Nacionalismo Revolucionario para diferenciarlo de sus variantes elitistas y católicas tradicionalistas.

- Por ultimo, el Sindicalismo había adquirido una dinámica propia, había negociado con sucesivos gobiernos y tenía una experiencia de poder directa y rica, que ponía ahora al servicio del Líder.

Todo se articulaba mágicamente: la generación de nacidos en los cincuenta, con padres antiperonistas y de izquierda, recuperaba los valores de Patria, Religión, Líder y Movimiento y entraba gozosa al Peronismo como la tercera Rama: la Rama Juvenil.
No sabía lo que le esperaba.

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Perón quiso recrear la experiencia fascista en Argentina, con las adaptaciones del caso. A diferencia de Mussolini- quien no podía ocultar su anticlericalismo de origen socialista- era perfectamente conciente de que la Iglesia debía ser – junto con el Ejército- pilar básico de su Régimen. Tampoco utilizaría el esquema de parlamento de las corporaciones, aunque alentaría desde el primer momento la organización centralizada de las categorías socioeconómicas: las Confederaciones Generales (del Trabajo, Económica, de Estudiantes, etc.) y la construcción de un Partido Único, para terminar con el estado deliberativo. La cárcel y la tortura para Cipriano Reyes, el gran gestor del 17 de octubre, fue el símbolo de la voluntad de cerrar cualquier atisbo de independencia.
Con una guerra europea casi perdida para el Eje, Perón obviamente no podía afirmar públicamente sus simpatías. Sabía sus limitaciones.
Se fue conformando así un movimiento basado en antiguos socialistas y radicales, viejos militantes sindicales y toda la intelectualidad de Forja, la verdadera novedad ideológica. Fue este grupo de ex radicales- antiimperialistas y neutralistas- el que aportó la idea fuerza básica del Peronismo: el “nacionalismo popular” que tanto espantaba a los clásicos nacionalistas católicos que habían acompañado a Uriburu en el treinta. Y que tanto confundiría a sus críticos de izquierda.
Forja aportaría la “picardía” popular, la irreverencia del tango, el tono patriótico pero alejado de la retórica cuartelera. Ante el gobierno militar que quiso “adecentar” las letras de tango, Perón supo aparecer como el hombre moderno que intercedió apara anular esa absurda orden. Perón le ponía una cara nueva al viejo sueño nacionalista y antiliberal que venía de la noche de los tiempos coloniales. Ese nacionalismo decadente encuentra en el “populismo” peronista una nueva vertiente que lo vivificaría.
Esa vibrante fuerza sindical y política que Perón comenzaba a conducir estaba lejos, sin embargo, de los acatamientos absolutos que supieron lograr Mussolini y Hitler.
Si bien arma su Partido Único, su maquinaria de control interno fue infinitamente más elemental y débil que las desarrolladas por las “grandes bestias” de Stalin, Hitler o Mussolini. El grado de brutalidad, violencia y coerción fue infinitamente menor. Puede hablarse de una treintena de casos graves de violación a los derechos humanos durante 1946-1955. Eso sucedía, en cualquier mañana de Hitler, entre la gimnasia matinal y su taza de té con strudl.
Por otra parte hay pruebas de que las veleidades falangistas de Perón - ya que el fascismo había muerto, quedaba Franco- no fueron acompañadas por el Partido Peronista con entusiasmo y quedaron reducidas al ámbito puramente diplomático. Los cuadros peronistas, quizás por su procedencia socialista o radical desconfiaban enormemente de Franco y simpatizaban poco y nada con el bando nacional. Perón tomó nota y calló. Pero llenó de falangistas la Facultad de Filosofía y Letras. Su “intelligentsia” se nutria de cuadros falangistas y otros directamente nazifascistas. ¿Donde estaban -uno se pregunta- los intelectuales “nacionales y populares” como Manzi, Discepolo o Marechal o los de Forja frente a este copamiento “facho”?
En suma: si las condiciones externas hubieran sido otras, Perón ni hubiera dudado en declarar públicamente su adhesión a la Internacional Fascista-falangista. Aun a pesar de la Guerra perdida, Perón no se resignó y siguió adherido al bando nacional español, aun contra los deseos reales de sus seguidores.

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Perón dejaba hacer. Todo servía. Mientras los Montoneros debutaban asesinando a Aramburu y las Juventudes Peronistas crecían en número, mientras las rencillas y navajazos entre Montoneros y la derecha de C. de O., Demetrios o Guardianes se extendían, mientras se asesinaba a sindicalistas “burócratas” , la Patria Socialista se iba imponiendo como proyecto hegemónico. Cámpora Presidente significaba la llegada al poder de los muchachos de la JP, de los Montoneros, de la Tendencia Revolucionaria del Peronismo: la Hora del Pueblo. El Mayor Alberte, una figura histórica de la izquierda peronista me dijo una vez: “La verdad es que los diez años de Perón no fueron TAN buenos, que estuvo lleno de errores, corrupciones y vicios. Pero hay que seguir regando el mito, para apuntalar la Revolución”.
Fidel Castro y Allende vinieron a la asunción de Cámpora en una puesta en escena del relanzamiento revolucionario latinoamericano, que no tardaría de prender en Uruguay y el resto la de la Región.
En este contexto, el Viejo decide volver a la Argentina: algo lo apuraba al extremo.
Dice el relato que en ese extraño vuelo, rodeado de la farándula peronista, viajaba un Perón decidido a “hacer tronar el escarmiento” a los “muchachos” de la Juveentud Peronista. La trampa que se armó en Ezeiza fue provocar a los Montoneros para ponerlos en evidencia. El Coronel Osinde, personaje fascista como pocos, fue el encargado de la Operación.
Ahí se nos murió la inocencia.
Transcribo algo que escribí en esos días.
“Podría decir “qué tiempos aquellos” pero mentiría. Aquel increíble día, el 20 de junio, algo se rompió dentro de cada uno. Ese día se acabó la joda, la alegría peronista y joven, las puteadas insolentes y frescas, incluso las trompadas y las broncas entre los grupos de activistas.
De ahí en más, la sangre se instaló como compañera.
Este cuento lo empecé ese invierno del 73 y quedó trunco, solo es un eco de la sorpresa, el asombro ante lo que no era explicable.
Por eso quedó trunco. Solo pudo reflejar lo que vivíamos hasta el 20 de junio.
Después, algo se rompió.
A dos años de eso, quizá ya podría terminar el relato. Pero, para qué.
Pasó tanto. En el Mundo, en Argentina, dentro mío. Cambió el lenguaje. Que quiere decir ahora “Viva Perón”? Que quiere decir ahora “Justicia Social, Soberanía Política, Libertad”?


Perón había mostrado su juego: de Socialismo, nada. De Revolución, nada. De Rama juvenil, nada. Todo era un absurdo malentendido: finalmente Perón era exactamente como me lo describía mi mamá: un dictador fascista de derecha, apoyado en un aparato de movilización de masas. Tan simple como eso. A nosotros, esos jóvenes neo-peronistas, que veníamos a recibir a “nuestro” líder tercer mundista, a “nuestro” Fidel, a “nuestro” Mao, la matanza de Ezeiza “nos rompió por dentro” como escribí en aquel momento. Nos hizo estallar todas las dudas que teníamos sobre la verdadera naturaleza de Perón y de su movimiento.
Lo que siguió fue la puesta en marcha del plan de aniquilamiento de la izquierda peronista que ejecutó la Triple A por orden del Líder y supervisión de López Rega y prosiguió, a partir de 1976, con la implacable fuerza del Estado, en el Proceso de Reorganización. "Puestos a enfrentar la violencia con la violencia, tenemos más medios posibles para aplastarla. Y lo haremos a cualquier precio, porque no estamos aquí de monigotes",dijo Perón en 1973, lanzando oficialmente la Triple A.

El sueño se transformó en pesadilla. El Perón fascista del que nos habían prevenido nuestros padres había obrado con total coherencia con su esencia nacionalista, militar, anticomunista y reaccionaria.

Hoy día nadie dice esto. Hoy día a Perón se lo glorifica en el Panteón de los Héroes. Se lo sigue evocando como líder popular progresista, antiimperialista, se sigue ahondando la brecha entre mito y realidad.
Todo es mucho más simple: leamos a Perón, es transparente y claro:

Iglesia-Estado

“Ahora bien- y a esta conclusión van encaminadas mis anteriores palabras- el hecho de que la Iglesia no tenga que entender en la gobernación del estado, es decir que mantenga la división de potestades, no significa que el estado tenga que prescindir de la Iglesia. Esa no prescindencia, esa obligación de sostener el culto católico y de que el Presidente pertenezca al culto católico, constituye unas de las mas encomiables previsiones de nuestra carta magna, porque quienes la sancionaron, pese al amplio criterio liberal en que se inspiraron y que se refleja en todas sus normas, no pudieron desconocer que la gobernación de los pueblos se ha de basar en normas de moral y que las normas de moral tienen su origen y fundamento en preceptos religiosos” (1948)

Conspiración judeo-masónica-comunista-capitalista

“Este desarrollo intenso de la política internacional, dentro y fuera de los países, ha impuesto la necesidad de crear los instrumentos para manejarla y así han surgido las Grandes Internacionales. El capitalismo y el comunismo soviético no son sino dos de ellas, aparentemente contrapuestas pero, en realidad de verdad, perfectamente unidas y coordinadas. Para comprobarlo, basta recordar 1939 cuando se aliaron para aniquilar a un tercero en discordia, representado entonces por Alemania e Italia. No es menos elocuente lo que sucedió en la Conferencia de Yalta en la que ambos imperialismos se ponen de acuerdo y coordinan sus futuras actividades de dominio y explotación. Pero es que todo tiende a internacionalizarse alrededor de ello, lo que, en último análisis, es el triunfo del internacionalismo comunista. La masonería, el sionismo, las sociedades internacionales de todo tipo, no son sino consecuencias de esa internacionalización del mundo actual. Son las fuerzas ocultas de la revolución como son las fuerzas ocultas del dominio imperialista”.(1968)

Las dos lineas

“Cuando en España desaparece Fernando VII para dar lugar a las Cortes de Cádiz que enfrentan a la dominación napoleónica, en el Virreinato del Río de La Plata desaparece también el poder virreinal, reemplazado por la “Primera Junta”. Es decir que de allí parten ya dos líneas históricas que han de acompañarnos en toda nuestra existencia: la primera hispánica y nacional, la segunda antinacional y anglosajona. “(1968)

Cristianismo

“En evolución ordenada, el pensamiento cristiano, que perfeccionó la visión genial de los griegos, podría más tarde apoyar sus empresas filosóficas en el método de éstos y aceptar como propias muchas de sus disciplinas. Lo que le faltó a Grecia para la definición perfecta de la comunidad y del Estado fue, precisamente, lo aportado por el cristianismo: su hombre vertical, eterno, imagen de Dios. De él se pasa ya a la familia, al hogar, su unidad se convierte en plasma que a través de los municipios integrarán los Estados y sobre la que descansarán las modernas colectividades.”

Ley Universitaria
CAPITULO II
Del gobierno de la universidad
Art. 9° – El gobierno de la universidad estará a cargo del rector y del consejo universitario
Del Rector
Art. 10º. – (Designación). El rector será designado por el Poder Ejecutivo y durará tres años en funciones.
Del Consejo Universitario
Art. 17º. – (Constitución). El consejo universitario estará constituido por el rector, que lo presidirá, y por los decanos y vicedecanos de cada facultad.
De las facultades
Art. 22º. – (Gobierno). El gobierno de la facultad estará a cargo del decano y un consejo directivo, constituido por el decano y diez consejeros, que se designarán de entre los profesores de la respectiva facultad.
(Elección del decano). Los consejeros elegidos se reunirán bajo la presidencia del de mayor edad que sea profesor titular y elegirán, a su vez por el voto de la mayoría, al decano de la terna enviada por el rector de la universidad.
Profesores titulares
Art. 46º. – (Concurso). Los profesores titulares serán designados por el Poder Ejecutivo de la Nación, de una terna de candidatos elevada por la universidad, previo concurso de méritos, aptitudes técnicas, títulos antecedentes y trabajos.
Estudiantes
De su representación
Art. 84º. – Los estudiantes tendrán representación en los consejos directivos por intermedio de un delegado por cada escuela.
Art. 85º. – Entre los diez alumnos que hubieran obtenido las más altas calificaciones en el transcurso de su carrera y se encuentren cursando el último año, se sorteará al que ha de tener la representación estudiantil. Este cargo es irrenunciable, salvo causa justificada a juicio del consejo.
Art. 86º. – El delegado será convocado a las sesiones que celebre el consejo directivo. En dichas sesiones el delegado podrá expresar libremente el anhelo de sus representados, no teniendo voto en las decisiones que adopte el consejo.(1947)



Resumiendo.
La caricatura de un Perón Nazi-fascista asesinando inocentes fue funcional al proyecto neofascista real que él encarnó. Es absurdo intentar homologarlo a Hitler. Pero su adhesión a los postulados fascistas fue reconocida por él mismo, y no debería seguir habiendo dudas al respecto.
El problema para sus admiradores de izquierda, es que nunca los abandonó, ni aun en su final “socialista”. El fascismo no fue la “enfermedad infantil” del Peronismo sino parte constitutiva de su esencia y el escenario del triste final de la experiencia setentista.
Aun en una coyuntura internacional adversa mantuvo la brasa encendida de su adhesión a la Internacional Fascista, dándole apoyo al franquismo, abriendo las fronteras para los jerarcas nazis y llenando las facultades con intelectuales declaradamente falangistas.
Su fascismo originario cambió de terminología hacia los años sesenta, en los que Perón adoptó apresuradamente los lugares comunes del tercermundismo (colonialismo, liberación nacional, violencia de los arriba, imperialismo) pero sin abandonar la vieja teoría de la conspiración judeomasónica, socialista, capitalista.
Su fascismo originario se transformó en un poderosos brazo armado que desencadenó la masacre de Ezeiza y liquidó al ala izquierda con la Triple A inspirando al Proceso militar.
Los asombrados jóvenes izquierdo-peronistas del 73 vimos como Perón no solo no condenaba las matanzas sino que parecía alentarlas. Ya era tarde. La trampa de había cerrado.

Publicado por esteban para Monología el 11/27/2008

VIETNAM LOS KIRCHNER Y LA APEC.

por Ernesto Poblet



Los pueblos no mueren ni se suicidan. Salvo el caso de Esparta que desapareció por su exacerbación estatista y belicista. Mayas y aztecas se integraron a nuevas civilizaciones y prodigaron a la humanidad buenas muestras culturales. De Esparta no quedó ni una mísera alfarería ni pensamiento relevante. El Licurgo del siglo IX a/C. -de dudosa existencia- aparece como el diseñador del sistema espartano, una especie de libretista de sociedades totalitarias reglamentadas al estilo Karl Marx. Nada de libertades y los seres humanos convertidos en esclavos del Estado tras un régimen militar rígido. Eso sí, el pensador alemán radicado en Inglaterra supo adornar su teoría con pintorescas fórmulas seductoras y el violento Lenin debió aplicarlas a machaca martillo hasta modificar prestamente la economía de la U.R.S.S en 1923.

Es curioso el paralelismo a contramano que se ha operado entre la Vietnam “comunista” y los casi seis años de la Argentina de los Kirchner. Terminada la famosa guerra en 1974 el régimen marxista de los vietcong comenzó con sus clásicas medidas centralistas a través de un selecto bureau o simple oligarquía. Prohibieron todo partido de oposición, encerraron en presidio cualquier dirigente político que no coincidiera con ellos o lo mandaban a campos de reeducación no muy diferentes de la colonia penal de Marcos Paz. Abolieron la propiedad privada. Colectivizaron el campo y las fábricas. Ocuparon a la vecina Cambodia y millones de personas se fugaban en balsas por el Golfo de Tomkin. La debacle económica se había instalado desde que comenzó el sistema pero hizo eclosión por lo disfuncional e irrespirable en el año1986.

Vietnam es un país de más del doble de población que la Argentina (85 millones y medio de habitantes) con un territorio no más grande que Alemania. Durante los doce años de estatismo colectivizante los vietnamitas fueron ayudados por la Unión Soviética en forma sigsagueante. La decisión por el “DO MOI” -nombre dado a la Reforma de 1986- cambió el destino de este ajetreado país. Empezaron a paladear el sabor por la competencia no del todo extraño en un pueblo saturado de la post guerra y la falta de libertades, abordaron desafiantes la demonizada economía de mercado, motivaron rápidamente a la propiedad privada, especialmente en el campo y las empresas, atrajeron a las inversiones extranjeras incluyendo a sus ex feroces enemigos los norteamericanos. Pronto creció la producción industrial, el agro, la construcción y fomentaron las exportaciones. Multiplicaron el ahorro y las inversiones. Vale decir, todo lo contrario de lo que hacen los Kirchner.

Si bien hoy Vietnam no ha llegado a ser un paraíso se ha transformado en el país con menor porcentaje de desempleo en el sudeste asiático. Redujo la pobreza brutal a sólo un 14,75 %, menos de la mitad que la Argentina de los Kirchner. Sostienen en distintos foros que Vietnam puede pasar a ser un país desarrollado en poco tiempo.

La Argentina de los Kirchner continúa adormecida por las peroratas y parece esquivar toda posibilidad de desarrollo que se le presenta. No supo aprovechar con inteligencia la bonanza de la soja transgénica que apareció de sorpresa en 2003 fruto del coraje, esfuerzo y riesgo de nuestros agricultores de 1996, cuando se lanzaron a la experiencia modernizante aprobada por los grandes laboratorios del mundo. Se comieron los Kirchner la gallina de los huevos de oro al gravar con confiscatorias retenciones la producción de oleoaginosos. En alocada y perversa política se prohibieron las mejores exportaciones de la Argentina con marca registrada en el mundo. Perdió nuestro país sus mercados de carne, leche, quesos, cereales, oleaginosos y la gama alimentaria que la naturaleza prodigó a esta Argentina destruida no por la naturaleza ni por las guerras sino por estos insólitos gobernantes. Pretenden hacer creer que el manotazo de ahogado para robarse los fondos previsionales y malversarlos entre la burocracia de Anses va a significar una mejora para los mismos jubilados estafados, tanto los de reparto como los de capitalización.

Todas las promesas fatuas y retóricas de los Kirchner no podrán contra la realidad. Hay margen para vislumbrar una luz de optimismo. Ya en las conversaciones de los argentinos aparece una resignación esperando unos meses apocalípticos. Los vencimientos de las obligaciones externas, la incidencia de la crisis internacional, la falencia absoluta de inversiones y créditos, las demandas salariales por la inflación, el desempleo esperando en las gateras y todos los males derivados de una suicida política estatista y centralista determinarán la implosión irreversible de los Kirchner. Ellos son sus propios destituyentes.

¿ Y qué vendrá después…?. Los vietnamistas y otros 20 países y 1178 empresarios del mundo se reunieron en Lima por la cumbre de la APEC, sigla en inglés del Foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico. Lo integran por latinoamérica México, Chile y Perú, además EE.UU. y Canadá. Los tres países de Oceanía y 13 del Asia del Pacífico entre los cuales están las dos Chinas, Japón, Hong Kong, Rusia, Corea del Sur, Singapur, Indonesia, Malasia, Vietnam, etc. Hace veinte años varios de estos países estaban peor que Perú y Chile y hoy son potencias. ¿Y que los cambió…? A juzgar por las propias expresiones los cambió la educación, la innovación tecnológica, las inversiones, la confianza crediticia y la falta de barreras para producir, exportar e importar. Exactamente las falencias de los Kirchner.

Con sencillez y sabiduría proclamó la APEC que las crisis se combaten con inversiones y sin encerrarse entre barreras. Las crisis son la gran oportunidad para innovar tecnológicamente. Declararon el compromiso de no imponer medidas proteccionistas por 12 meses e impulsar un rediseño financiero internacional.

El optimismo prometido para los argentinos consiste en un dato de reciente actualidad que nos promete un futuro promisorio para después de la tormenta kirchneriana: en la etapa de los alimentos los países con mayores posibilidades son tres: Argentina, Brasil y la India ¡en ese orden!. Son los tres países con ventajas productivas considerables, con la diferencia que la India y Brasil tienen el problema alimentario de su propia población y por ello sus saldos exportables resultan menores que los nuestros. El problema de la demanda alimentaria no es transitoria sino estructural, por lo tanto necesitamos institucionalidad, seriedad, cumplimiento de palabras, contratos, seguridad jurídica y jamás llegar tarde. Por esta veta -la gran producción alimentaria- el futuro es nuestro.

Los psicólogos han extraído de la física la palabra “resiliencia”. Significa la capacidad de sobreponerse a las tragedias o períodos de dolor emocional.

El autor es abogado, periodista e historiador. Esta noticia fue publicada el Domingo, Noviembre 23rd, 2008 a las 23:28 bajo la sección Opinión.

Líderes que saben escuchar al pueblo…

Elena Valero Narváez

"La oposición tiene un plan para sacarme de Miraflores. Están haciendo lo posible por ganar algunas gobernaciones y el año que viene tumbarme, pero en el supuesto de que la oligarquía tome el poder en Carabobo, el año que viene sería de guerra, yo sacaría los tanques para defender la revolución. Patria o muerte es la consigna. Mario Silva, aquí a mi lado, el candidato del PSUV, para quien pido apoyo, es la garantía de la paz, con la oligarquía vendrá la guerra. Escojan ustedes el camino" (Hugo Chávez)

Sabe el tiranuelo, Hugo Chávez, ahora desesperado porque se ve venir el cachetazo en las urnas, que hasta los dictadores necesitan del consentimiento y entusiasmo de la gente si es que quieren mantenerse en el poder. Es por ello que al verse abandonado, por buena parte de los venezolanos, amenaza con la fuerza y el terror, método al que terminan recurriendo todas las dictaduras.
Como los hermanos Castro en Cuba, Chávez, muestra su autoritarismo con el latiguillo: “Patria o Muerte”. Los gobiernos autoritarios no aceptan a la oposición, buscan desprestigiar la democracia, a veces, con argumentos democráticos o por lo general, como en el caso de Chávez, no dando otra opción que la de la guerra o la muerte a quienes se les oponen.
Escuchar al pueblo, esa es la base en la que se asienta el modelo populista. Saber lo que necesita y esa tarea solo la puede cumplir un dictador.
¿Qué hay detrás de estos gobiernos populistas? En sus discursos son Robin Hood, en la práctica saquean donde hay ahorro para aumentar “la caja”, base de sus fortunas. Hay que distribuir, dicen, pero desde el estado que es, según ellos, como mejor se reparte. Para eso apelan a ideas nacionalistas, las cuales responden a la necesidad de despojar de su patrimonio a la sociedad civil. Una de sus más efectivas herramientas es la estatización.
Recurren, cuando se equivocan, a la teoría conspirativa: la culpa de los males la tiene EEUU o algún sector que conspira para hundir al país, siempre inventan algo. De los defectos propios no se habla, es así como Chávez, Evo Morales, y el matrimonio Kirchner, fustigan a sectores productivos: los instan a ser generosos y a regalar la mayor parte de su ganancia al estado. Descalifican, mienten, buscan culpables para tapar sus propias faltas y así poder lograr sus objetivos.
Los populistas basan sus discursos en una meta: beneficiar a los sectores populares, a los desposeídos, quienes deben ser protegidos del capitalismo salvaje, de los empresarios exitosos -los que no son amigos del poder- de los que perciben por su trabajo elevadas ganancias, siempre atribuidas a la explotación de los más débiles.
Los Kirchner resucitaron el término “oligarquía”-utilizado por Perón- para referirse, despectivamente, a agricultores y ganaderos. De esa manera, sin argumentos válidos, pretendieron justificar el decreto que permitió el despojo de dicho sector.

¿Hacia dónde vamos con el retorno a políticas muy parecidas a las del período 1946-1955?
Dicen que hay que esperar las elecciones que traerán el recambio en el poder. Me permito tener ciertos temores que me provoca escuchar los argumentos de nuestros representantes en el Congreso.
Se habla de alianzas democráticas entre distintos sectores políticos. Con ello concordamos los argentinos, pero, recordemos que ya tuvimos una alianza en el pasado reciente. Fracasó, estrepitosamente, a tal punto que acabó en muy poco tiempo con la presidencia de Fernando de la Rua.
¿Aprendimos de los errores? ¿Basta para unirse ser opositor a los Kirchner, prometer defender el sistema democrático y tener un programa de gobierno? Creo que no. La experiencia nos ha mostrado que no es suficiente. La Alianza que llevó al poder a De la Rua, por su fracaso, expuso claramente que hay que unirse por ideas afines y programas similares pero que dejen en claro que hay que cambiar el modelo “K”.
Observamos una cantidad de agrupaciones políticas con diferentes liderazgos, todos, con pretensiones a los más altos cargos. El problema va a darse cuando peleen por los puestos en las listas. Pero no acaba allí el problema. Si bien las ideas se encarnan en personas, necesitamos que ellas lleven, no solo la alternancia al poder, sino que permitan realizar el despegue que necesita nuestro país.
No podemos seguir marchando alejados del mundo como hizo Perón a partir de 1946. La mayoría de los países, hoy desarrollados, dejaban el aislamiento y el dirigismo al cual recurrieron por la guerra. Perón, como ahora Kirchner, se empecinó en cumplir con el plan de Mussolini: ir hacia una comunidad organizada donde los partidos cedieran su lugar a las corporaciones.
¿Será nuestro futuro gobierno un “kirchnerismo democrático”? No alcanza. Es por eso que debemos exigir a nuestros políticos, a todos, algunos puntos que deben defenderse ante cualquier proyecto.
Las políticas estatistas fueron alimento de casi todos los gobiernos argentinos luego del exilio de Perón. Los militares y el peronismo de 1973 se siguieron nutriendo en esas ideas.
Nuestros actuales gobernantes parecen que hubieran sido educados con recetas de los libros de Hernández Arregui por el infantilismo con que pregonan los males que trae el liberalismo como el de obstaculizar un proyecto político y cultural autónomo. Nos acercamos cada vez más hacia el modelo chavista: acabar, en lo posible, con ideas liberales. Todo el que las combate son sus hermanos. También los peronistas K, son partidarios del estatismo y del control de la economía por el gobierno, de silenciar a la opinión pública y de debilitar al sistema de partidos.
En la Argentina no son pocos los políticos e incluso intelectuales que adhieren a políticas populistas similares a las de la década del 40. Justifican medidas que van contra la empresa privada, las libertades civiles, los poderes independientes, el mercado, la prensa libre y el sistema de partidos. Olvidan, cuales fueron las ideas que hicieron progresar a la Argentina, a los educadores y pensadores como Sarmiento, Alberdi y a todos los que convirtieron a nuestro país en un ejemplo digno de imitación.
El gobierno kirchnerista, como el de otras dictaduras que asolaron el sistema político, económico y cultural de Argentina establecieron el modelo estatista. Es por eso que antes de adherir a un partido o alianza política hay que saber si se respetan los principios que hacen al progreso y al tuteo con el mundo civilizado. No tenemos que seguir a liderazgos que pretendan continuar tirando a la Argentina por un tobogán que nos deja muy por debajo de los países desarrollados.
En definitiva, con este proyecto de país no salimos adelante, aunque cambien los gobernantes. Es cierto, primero hay que hacer la casa y luego sentarse y pensar en la decoración. Pero, debemos construirla basada en puntos fundamentales si no queremos que otra vez se derrumbe.. Es primordial el respeto a las instituciones, atraer inversiones y abandonar, definitivamente, las políticas de controles que impiden exportar e importar.
La defensa de la propiedad privada, opinión pública institucionalizada, división de poderes, apertura al comercio mundial, como propone el gobierno de Brasil, políticas anticorrupción y el combate al narcotráfico y al delito es lo que pedimos a viva voz los argentinos. Con respecto a los impuestos, una política no abusiva y federalista.
La flexibilización laboral le permitiría a los desocupados, poder encontrar más fácilmente trabajo. En vez de vivir del estado podrían trabajar aunque ganaran un sueldo menor, hasta que superemos ésta época de crisis. Es cierto lo que decía Perón: “el trabajo dignifica”.
La decisión que tomó la Corte Suprema de Justicia, hace unos días, lleva hacia la libertad sindical, de suma importancia para que el sistema de partidos comience a fortalecerse. En Argentina, los sindicatos han tenido más fuerza que los partidos. Es así como han podido, incluso, robarles funciones políticas.
Por último, todo aspirante a gobernar no debiera olvidar que en democracia son las personas, con su voto, quienes deciden entre diferentes alternativas. Tienen que esmerarse por explicar sus programas de gobierno.
Los argentinos debiéramos saber que si permitimos la violación de la propiedad privada, como lo hacen nuestros representantes en el Congreso, estamos depositando en manos del estado, recursos sociales para que pueda aumentar el control político sobre los ciudadanos. Lo veremos, muy claramente, a medida que avancen las dificultades del gobierno.

Elena Valero Narváez (Autora de “El Crépúsculo Argentino”Lumiere. 2006)
evaleronarvaez@hotmail.com

“La Cosa Nostra…..”

Por Elena Valero Narváez
www.notiar.com.ar

La mafia argentina, una de las más fuertes y peligrosas de América Latina, domina prácticamente a todo el país. Ha desarrollado mucha difusión también en el extranjero. Se debe a su valentía para expresar ante Asambleas Internacionales, de países con seguridad jurídica, la necesidad de que el mundo se decida por el sistema tango, por su eficiencia y rapidez en terminar con la Justicia, la política y el mercado.

El padrino, jefe de familia, o Don como quieran llamarle a Nestorcito, después del problema que el campo le dio por las retenciones se conformó con un retiro forzoso. Pero la crisis local y la internacional le permitieron volver con todos los honores.
El sottocapo, encargado de controlar a los soldados k, el segundo del padrino, Julito para los amigos, es el que recibe las partidas más importantes de dinero porque sabe hacer bien los negocios. Siempre beneficia a la familia. Ahora está de parabienes a pesar de la crisis porque se fue Albertito, el consigliere, de bajo perfil, el que mediaba en las disputas internas, con labia para contestar con precisión a la prensa.
Renunció al cargo porque se le había hecho casi imposible explicar tantas metidas de pata. Finalmente se le acabo el repertorio: renunció y fue reemplazado por el soldadito Sergito quien comenzó con un ánimo extraordinario después de haber pasado rápidamente por la ceremonia de iniciación.
Aprovechó que el Nestorcito estaba reposando en Olivos, creyó que podía elevarle la imagen a Doña Cristina pero se levantó el gigante dormido y le robó todos los papeles. No tiene la habilidad de Alberto, quien como consejero se sabia mover como pez en el agua, se aguantó varios vendavales de a pié, sobre todo la enemistad del envidioso Julito que no quería ninguna merma en las cuotas de poder. Este, tiene mejor curriculum, es de los amigos de antes, de los que hacían negocios con el Nestorcito en Santa Cruz. Lo seguirá hasta el final aunque tenga que ser entre rejas. ¡ Para eso están los amigos!
Otro de los soldados preferidos del padrino es Don Jaimito. Ese sí, sabe de transportes: ¡es un capo! Ha llevado mucha agua para el molino de la familia pero, las malas lenguas dicen que la gente se le va a revelar porque viaja mal, no se invierte en ómnibus ni trenes, y uno se cansa de andar como ganado, ¿vió…?
El capito que mejor aprendió a comportarse como un digno mafioso, es Guillermito: ¡un valor! No existe empresario que le diga ¡no!. Saca los revólveres, igualito a los cowboys, pero no apunta, solo los pone encima de la mesa y le firman lo que quiere. A veces ni necesita usar armas, con un llamadito telefónico se asusta hasta “el Cuco”.
No hay precio que no se achique ante su sola presencia. Saquea y aterroriza a la perfección. Fue el mejor del colegio en las materias de soborno, chantaje y robo. Los padres decían que era “un primor”. ¡Imagínense lo que adelantó ahora que tiene experiencia! Con qué habilidad amedrenta a los banqueros sospechosos de vender dólares y a empresarios de comprarlos! Puso a sus propios soldaditos como veedores en las mesas de los bancos porteños para impedir que se siga devaluando el peso .! Es tan previsor!
La Cosa Nostra ha tenido relaciones con miembros no argentinos, forjó relaciones con el capo mafia mas importante de America Latina, el gangster Huguito, quien en la actualidad se encuentra de capa caída porque no le va bien en las encuestas, al punto que promete sacar los tanques a la calle si la oposición gana en las próximas elecciones.
Las relaciones del Capo Venezolano con el “Don” y su mujer Kris se han enfriado porque, al bajar el precio del petróleo las cosas cambian, ya no puede el amigo ser tan generoso. No hay contacto directo, ahora los directivos de la Cosa Nostra, se dedican a jugar al truco con los autóctonos empresarios, Lázaro, Cristóbal y Rudy, entre otros. Son buenos muchachos, especialistas en coimas y enriquecimiento ilícito.
Huguito se ha cocido el bolsillo para no escuchar los pedidos de los que gobiernan a la mafia argentina quienes han destruido el mercado de capitales y por ello exacerbaron una crisis difícil de resolver. Comenzaron con una excelente medida dando un gran manotazo a los ahorros de los futuros jubilados y dicen que irán por más, porque se les viene momentos difíciles si se les achica la Caja. ¡Por suerte estaban las cuentas de capitalización! ¡Algo es algo!
En este alegre país, cada capo tiene sus soldaditos bien entrenados para obedecer. El padrino posee los mas obedientes que se encargan de asentir sin emitir palabra como es el caso del encargado de los problemas agrícolas. Es tan eficiente en decir sí con un solo gesto de cabeza que ante tanta abnegación, el padrino se emociona y eso que es duro el hombre. Hay que ver cuando grita cómo se pone colorado, mira fijo y no vuela ni una mosca, pero la fidelidad es la cualidad que le gusta más aunque él no la practique, pero bueno, es el que tiene todas las responsabilidades hasta de darle letra a su mujer.
No es fácil!! Kris es rebelde para estudiar, prefiere improvisar y lo hace regio! Hay que verla cuando se las toma con los “oligarcas”, esos que tienen campo, crían ganado y siembran el “yuyito”. No queda nada en pié cuando se burla de los que se resisten a entregar las ganancias de la producción para repartir entre la familia K y sus soldaditos. Con decirles que llegó a prohibirles exportar carne vacuna, les fijó precios máximos al ganado y a la carne, los destruyó para que aprendan a no rebelarse. Quien les manda salir a la calle y ocupar los bosques de Palermo!!
La organización se alió con las fuerzas de gobernadores, intendentes, senadores, diputados, malhechores que se pasaron de bando por regalos o amenazas: se les conoce como “la Camorra K” todos dispuestos a ayudar a la casa de la mafia reinante. En estos días hemos visto con que rapidez votaros en ambas cámaras la apropiación del dinero de los futuros jubilados, nuestros hijos. Por suerte ahora estarán protegidos por el gobierno de Kristina. !Qué tranquilidad!
No me quiero olvidar del capo sindical el Huguito argentino, a veces rebelde, a veces amigo, ahora preocupado por el fallo de la Corte Suprema que abre el camino para la libertad sindical. Pero el no tiene de que preocuparse: ha tenido enormes premios y ahora, como consuelo, mami Kris le regala a su abogado y amigo, un lugar tan codiciado como es el de superintendente de servicios de Salud. Huguito podrá allí, jugar a las escondidas y seguir recaudando para él y sus herederos. Además la estabilidad de la familia depende en gran medida de su apoyo incondicional.
Los argentinos estamos inquietos porque la Justicia norteamericana, seguramente por orden del presidente Bush, dice que los fondos confiscados al señor Antonini W, en Ezeiza, eran para beneficiar a Kristina en su campaña.
Antonini W, ex soldadito de la mafia venezolana comprometió al padrino argentino y a la Doña. Aseguró que Daniel Uberti, otro leal soldadito “K”, le había dicho que Nestorcito sabía lo relacionado con la valija y que lo “iba a bancar en todo”. Por sus declaraciones sabemos que nuestro padrino y el Huguito han tenido relación intima con el episodio.
Desde la embajada norteamericana se ha reiterado que la justicia es independiente del gobierno por lo tanto la investigación estricta no deja lugar a dudas de que la campaña estuvo marcada por negociados entre los dos gobiernos latinoamericanos. ¡Descubrieron la valija! Eso es lo que indigna al padrino y a su mujer. Aquí como hacían los espartanos, se permite robar pero se castiga a quienes los descubren. Hay que aprender a ser mafioso.
Al que escarmentaron en serio es al fiscal de Investigaciones Administrativas, un tal Garrido. El procurador general de la Nación fiel a Nestorcito, vació las atribuciones del fiscal en la Procuración. No importó que hubieran sido otorgadas por ley para intervenir en las causas por delitos de funcionarios públicos. Ahora con el sistema Tango, no tienen razón de ser.
El ingenuo Garrido creyó que todavía se podía hacer justicia: denunció la manipulación del INDEC, investigó las irregularidades del caso Skanska y le pidió al Padrino Nestorcito que diera explicaciones sobre el origen de su abultada fortuna personal. Pero…¿que se cree este fiscal?..!El pobrecito actúa como si viviera en democracia! Que lo metan preso!! En la Argentina gracias a Doña Kris y a “Don” Nestorcito ofrecemos impunidad a los corruptos y libertad a los ladrones. ¡Ellos los bancan!
¡Que bien se vive en mi país! Hacía doscientos años, como dice La Doña, que no se hacía nada. Ahora hemos vuelto al nacionalismo progresista: nos alejamos del contexto mundial, no nos educamos, no exportamos, salvo, eso sí, nuestros íconos: Maradona, El Che y Evita siempre en nuestra mesita de luz.
Vamos a comprar todo argentino y haremos lo contrario de lo que hicieron los llamados próceres, esos que fueron instrumento del mundo civilizado, heridos porque España no les permitía gozar del mundo entero. Nosotros tenemos nuestra propia fiesta.
¡Que no nos vengan a hablar de estado de derecho ni de globalización! Pa qué!

Autora de “El Crepúsculo Argentino”. Lumiere.2006
evaleronarvaez@hotmail.com

Vivir con miedo….

Elena Valero Narváez

Desbaratan una banda que robaba en salideras bancarias. Brutal asalto a un empresario: le dieron cuchillazos y lo balearon en una pierna delante de su ex esposa y sus hijos. Un taxista fue baleado por un menor: está grave. Hallan drogas y armas al allanar una villa. Liberaron a un chico que fue secuestrado en Haedo. Motoqueros roban en la ciudad de Buenos Aires. Un vecino baleó a un ladrón en Beccar. Estos son algunos de los titulares referidos a la desprotección en que viven los argentinos. Detrás de cada noticia hay una historia que conmueve y que deja marcados para siempre a quienes las sufren.
La muerte del gendarme Roberto Centeno, por ejemplo, ha dejado sin padre a dos chicos de pocos años, su mujer deberá criarlos sin el compañero que había elegido para construir una familia. El asesinato a sangre fría se llevó a cabo en Fuerte Apache en uno de los puestos de vigilancia creados para brindar seguridad a un vecindario que vive entre más de 30 bandas de delincuentes, muchos menores de edad. Hay desguazaderos de autos robados, y es uno de los lugares donde narcotraficantes y criminales encuentran refugio. El gran futbolista Carlos Tévez oriundo de Fuerte Apache, desde Inglaterra, donde reside, comentó a periodistas de “La Nación” que en el barrio antes se robaba para comer y ahora para comprar droga. Según lo que relataron los vecinos desde hace varios años los chicos se pasean armados por las calles y ven como normal que se tiroteen entre bandas los fines de semana.
Los asesinatos vinculados con narcotraficantes nos despertó del sopor en que vivíamos los desprevenidos argentinos: creíamos que eso sucedía en otros países.
Entre el 12 de junio y el 20 de julio tres personas fueron asesinadas en San Isidro y se le agregó hace unos días el robo y la muerte del ingeniero Barrenechea por maleantes que ingresaron a su casa. Una de las bandas que tuvieron en jaque a esa zona era liderada por una mujer embarazada y otras por menores.
En Beccar, zona norte, un señor disparó en su casa a delincuentes que maniataron a toda la familia mientras robaban tranquilamente. Uno de ellos fue herido. La casa del señor que se defendió con un arma esta vigilada constantemente por temor a represalias de los ladrones prófugos. Tal vez decida mudarse.
La adormecidas instituciones no responden a los reclamos de la ciudadanía que desea por sobre todas las cosas que se respeten las leyes. Sordos están jueces, fiscales, diputados, senadores, gobernadores, intendentes, casi todos los que responden al gobierno kirchnerista.
Pero la gente se cansó: la hemos visto en San Isidro, en una manifestación de miles de personas que se acercaron desde diferentes puntos de la provincia de Buenos Aires para quejarse y llorar juntos por muertes, asaltos, robos y violaciones, perpetrados por delincuentes en muchos casos menores de edad. Generalmente están drogados y no vacilan: cometen delitos aberrantes.
Cristina, nuestra presidente, se decidió luego del acto en San Isidro a criticar a los jueces que liberan detenidos irresponsablemente y se expresó a favor de leyes mas duras. También Néstor Kirchner criticó a los jueces. La pareja, otra vez endilga la responsabilidad de los problemas a otros. Se olvidan que se dedicaron a obstruir la acción de la justicia dominando al Consejo de la Magistratura para tener jueces a su medida.
El gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, reaccionó: anunció una reforma judicial que limitará las excarcelaciones y construirá tribunales unipersonales a la vez que dividirá en cuatro zonas policiales a la provincia, cada una con un jefe responsable y el conurbano, en tres. Anunció la limitación de las facultades de los jueces para excarcelar y morigerar penas.
Prometió, además, aumentar la seguridad a los pasajeros de los trenes que transitan por el conurbano, entre otras medidas.
En las últimas elecciones todos los candidatos se comprometieron a disminuir la inseguridad, recién ahora cuando la ciudadanía salió a la calle cansada de la inercia gubernamental, se empieza a pensar en tomar decisiones. Esperemos que no sea un amague más: son demasiados los sinsabores que soportamos por el mal gobierno. Estamos impacientes. La improvisación con que se quiere dar solución a los problemas que hoy nos desbordan, demuestra que no hubo interés en el tema ni proyectos adecuados. Poco y nada es lo que se ha hecho para combatir la ola de delitos que mantiene asustada a la comunidad.
¿Tenemos los ciudadanos que vivir angustiados, con temor de salir a la calle, o dormir con un arma debajo de la almohada para evitar que nos asalten, secuestren, maten o roben?
¿Debemos hacer justicia con la propia mano o se reforzará a las fuerzas de seguridad encargadas de protegernos y se les ofrecerá sueldos dignos y premios por dedicación al trabajo?
¿Continuará la ola de violencia que enluta diariamente a los hogares argentinos ?
No pretendemos recetas mágicas ni alcanza con enviar a un asesino o violador a la cárcel, esperamos soluciones integrales.
Precisamos gobiernos con decisión política para que todas las instituciones se pongan al servicio de la lucha contra el narcotráfico. Este flagelo social, promueve el consumo de drogas y exacerba la violencia.
El lavado de dinero, otro de los delitos ligados al tráfico de drogas, debe ser controlado por las autoridades hasta ahora ausentes sin aviso.
Necesitamos la experiencia de países que se caracterizan por el coraje del gobierno nacional y con tecnología para prevenir las adicciones, combatir la droga y la delincuencia en general.
No aceptamos la excusa de que no hay cárceles e institutos de menores donde alojar a los que delinquen. Hay cuarteles u otros edificios del estado que podrían reformarse y adecuarse para recibir a los que son peligrosos para la vida en sociedad. Estos no deben entrar por una puerta y salir por la otra. Tienen que ser castigados y debería tratarse de que una vez recobrada la libertad, salgan convertidos en personas útiles para la sociedad.
Nunca podremos acabar con la violencia, meta imposible de alcanzar, pero sí disminuirla con controles eficientes y estrategias concertadas que eviten que se eludan las reglas de conducta que nos permiten una convivencia civilizada. Cuando el control social es débil las personas por lo general intentan pasar por encima de las normas. Estas implican premios y castigos si es que queremos vivir en sociedad. Se debe castigar a todo el que altere el orden indispensable para vivir en paz.
En una sociedad de alta complejidad como es la nuestra es inevitable redefinir, reajustar el marco normativo y eso conlleva un costo social y psicológico inevitable pero de ello depende el mejoramiento de las interacciones sociales, el progreso de la sociedad.
La política exterior es fundamental para conseguir la cooperación de países con medios para ayudarnos a mejorar el sistema de seguridad y, también, para lograr inversiones que provean de trabajo a tanta gente joven dedicada al delito cómo sucede en Fuerte Apache.
En Colombia, desde que gobierna el presidente Uribe, la sociedad aceptó un impuesto extraordinario destinado a mejorar la defensa nacional perturbada por el terrorismo y el narcotráfico. En nuestro país con gobernantes honestos aceptaríamos una medida similar si fuera en pos de mejorar la seguridad de los ciudadanos.
Las consecuencias de la corrupción de este gobierno, la debilidad institucional y la falta de garantías para generar riqueza, son gérmenes que obstruyen los planes de los que pretenden reducir la violencia.
Por último, la cooperación de gobernantes y gobernados es indispensable en la lucha por disminuir la inseguridad si no queremos volver a la ley de la selva.
El cumplimiento del marco normativo en una sociedad democrática debiera estar basado más en la responsabilidad ciudadana que en la coerción. Para ello es necesario que socialicemos a los niños en la aceptación responsable de las normas. Los maestros tienen un rol indispensable en la formación de un buen ciudadano. Y en cuanto a los mayores deberíamos resocializarnos para adaptarnos a reglas que mejoren la indispensable convivencia social.

Elena Valero Narváez (Autora de “El Crepúsculo Argentino”. Ed. Lumiere.2006)
evaleronarvaez@hotmail.com

Obama

por Rodolfo Pandolfi

Recuerdo con precisión los festejos de la ultraizquierda histérica el día en que fue asesinado Luther King. Para ella se había barrido al peor agente del poder blanco y de la CIA, al hombre de trapo de los poderosos blancos, el gatopardista (con una percepción fílmica inexacta del Gatopardo). Y llegaba el momento de Malcolm X, de la verdadera revolución negra. Ahora, Obama será considerado un pretexto conspirativo del ex-bushismo mientras los extremistas tratarán de cortarle la respiración. Luego, sus mismos enemigos feroces le rendirán culto, como a Roosevelt y a Kennedy. Esa mentalidad retorcida e insincera no atrae sino que espanta.
Está claro que ni Obama ni nadie podrá transformar al mundo y a la condición humana de cero a cien. Pero el triunfo del candidato demócrata tiene una significación que el tiempo irá depurando, para mayor o para menor.
En 1688 la Revolución Gloriosa abrió una renovación en el alma inglesa. El paraíso no llegó. Tampoco con las grandes expectativas de la Revolución Americana de 1776, de la Revolución Francesa de 1789, de las revoluciones rusas, chinas y cubana, ni con la liberación de Europa oriental. La historia nunca es simple, nunca avanza en línea recta.
Pero el 4 de noviembre ocurrió algo en los Estados Unidos de América. Al iniciar su espectáculo del 5, en el Gran Rex de Buenos Aires, Bela Fleck y su conjunto se presentaron diciendo, con una sencillez difícil de transmitir, "todos estamos muy contentos con lo que pasó ayer" y casi todos aplaudieron. Los adultos grandes debíamos ser menos de una docena de espectadores.
Luego, esos chicos americanos, sin payasadas, fueron explicando lo que hacían. Alguien preguntó cuánto improvisaban. "Siempre se improvisa, siempre improvisamos. Improvisamos cuando hablamos, cuando queremos, cuando votamos. Pero siempre improvisamos sobre la base de una partitura". Fleck eligió su nombre artístico, Bela, en homenaje a Bela Bartok. Anotó que la música tiene que ver con la actividad cerebral pero, sobre todo, con las emociones. Sin sentimientos no existe música. Rescató luego una palabra que tiene resonancia infantil: bondad. No se puede hacer buena política con malos sentimientos, con incomunicación, con la avaricia egoísta de los suntuosos prepotentes o con la hipocresía.
Pilar Rahola (quien al principio estaba con Hillary Clinton) resume qué entiende por cambio. No es la inmadura exigencia "que se vayan todos". Ese "todos" son siempre los otros.
Change, cambio. Las revoluciones fastuosas desataron sueños imposibles y miles o millones de muertes. El cambio es el "festina lente" de los romanos o el "sofrosyne" de los griegos. No consiste en destruir sino en mover con apresurada prudencia, con exaltada calma, con el cerebro y los sentimientos, como cuando se construye la comunicación, inexistente en los lodazales del odio y de la corrupción.
La revolución es grandilocuente, operística, y capta por la fantasía que despierta, por la necia negativa a reconocer los hechos más evidentes de la vida, pero puede matar y mentir secando la misma espuma que levanta. En el fondo, la ferocidad mentirosa es una forma de asesinato, porque intenta cortar el pensamiento. El cambio se produce en la democracia, que siempre es menos heroica que la retórica fugaz de las dictaduras.
El cambio es incierto, como en las curaciones. Pero lo incierto y discutible, como la democracia, viene triunfando desde la guerra del Peloponeso.. En el fondo, lo relativo es mucho más absoluto que el absoluto mismo..
Nadie sabe si Obama tendrá éxito o no y aún los pibes que lo aplaudieron la otra noche en el Gran Rex de Buenos Aires, quemando sus falsos ídolos para turistas, saben que deberá enfrentar terribles tormentas y no carece de puntos frágiles. Los americanos no votaron por la certeza sino por la duda.
Además, Rahola asume esta cuestión: ¿no tendríamos que temer a Obama por lo que no sabemos? "No importan las dudas, ni las ambigüedades, ni lo que esconde. Lo que importa es que ha devuelto la ilusión por la política, ha dado la esperanza de una América amable y abierta al mundo".
"Hoy toca volver a creer". "Podríamos decir, pues, parafraseando a James Carville, el famoso estratega de Bill Clinton en su campaña contra Bush padre, que los norteamericanos se dicen a sí mismos, "es el cambio, estúpido", y ello los reconoce como habitantes de una esperanza nueva. ¿El cambio hacia dónde? El cambio en sí mismo ya es el inicio de un camino mejor".
"Obama ha conseguido reilusionar a los americanos hasta cotas históricas, quizás solo comparables a las que consiguió Roosevelt, el propio Kennedy o incluso, en menor medida, Bill Clinton. Magmático hasta el punto de aunar en su campaña desde cubanos exiliados, hasta líderes feministas, jubilados, judíos o pastores negros. La suma de los barrios chic de Washington con las zonas suburbanas de Chicago, dan la medida de su extraordinaria habilidad para el consenso".
Los enemigos de la democracia parecen haber quedado sin argumentos. Para uno de los más torpes entre ellos, Obama no es suficientemente negro. De todos modos, de la pavorosa situación real de los negros en los países que a ellos les gusta nadie dice nada. Los iraníes y Evo Morales comparten la ficción de una esperanza. Los palestinos temen que la alianza de hecho marcada con la designación de un jefe de gobierno explícitamente judío debilite al fundamentalismo musulmán en el tercer mundo. Muchos hombres de negocios confían en él menos que en Bush. La izquierda catártica de la Argentina no sabe qué decir. Cuba aplacó su entusiasmo previo porque hizo caer con ella la sospecha de un apoyo encubierto a los republicanos.
Obama se encuentra frente a una crisis tremenda. Sabe perfectamente, como buen negro, que los prejuicios no desaparecerán aunque se eliminen las causas y por varios siglos existirá gente que no se preocupó jamás en informarse sobre cómo funciona la libertad y sigue repitiendo viejos disquetes obsoletos. Queda por ver si será un buen presidente pero lo evidente es que ha hecho sonreír al alma del pueblo americano y generado una ilusión que tanto le faltaba. Tiene conciencia de los terribles problemas que enfrenta y como Winston Churchill promete en realidad "Sangre, sudor y lágrimas".

La jubilación no tiene ni debe ser un negocio

Elena Valero Narváez
www.notiar.com.ar

En la ciudad de Mar del Plata, en tren de fustigar al sistema de capitalización, Cristina Kirchner escribió en una nota para el diario La Capital: “la jubilación no puede ni debe ser un negocio”. Esta frase demuestra que el problema de los males argentinos es cultural. La gente que ahorra debería esperar invertir bien su dinero, hacer un buen negocio, lo contrarió es ir contra el interés que tiene toda persona de mejorar su calidad de vida o la de su familia.

Se confundió Cristina: lo que debió decir es que los ahorros de los jubilados son siempre una tentación para el estado. Cuando un gobierno tiene déficit busca afanosamente a los que ahorran. ¡Allí está el tesoro! Lo demuestra las veces que en La Argentina se estafó a los jubilados. El actual gobierno ni siquiera se preocupa por lo que manda La Constitución: la movilidad jubilatoria. Sin embargo asegura que el estado defiende y cuida las jubilaciones y pensiones mejor que el sistema privado.
¿Serán nuestros diputados los abogados que necesitamos para salvaguardarnos del atropello al sistema previsional privado? O, el problema es cultural, como lo manifiesta la frase de la presidente?
El diario Ámbito Financiero ha publicado un cuadro donde se enumera los países que cuentan con este sistema: Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, México, Panamá, Perú, República Dominicana, Uruguay, Brasil, Honduras, Bulgaria, Croacia, Eslovaquia, Rusia, Hungría, Kazajstán, Letonia, Lituania, Macedonia, Nigeria, Polonia, Rumania, España, Ucrania, y ya está avanzando en 10 países como , India, Serbia y Filipinas.
La experiencia chilena es importante por lo cercana y exitosa. Ante la crisis internacional Chile no estatiza aunque disminuyó, por la situación internacional, la rentabilidad del sistema de Administradoras de Ahorros que existe desde 1981 y que fue modelo de Argentina.
Lo que nos diferencia de Chile es que en ese país funcionan las instituciones, por eso los aportantes se sienten seguros, tienen confianza y aceptan que la rentabilidad, por la crisis, haya disminuido. Las AFP son las más importantes inversionistas del país vecino y le han demostrado a los chilenos que pueden confiar allí sus ahorros mejor que en el Estado.
Hugo Yasky, titular de la CTA, como Cristina, se expresó a favor de la exacción del gobierno porque, dijo, “la jubilación debe dejar de ser una actividad lucrativa”
Según los expertos en el tema, los gastos que le insumen al estado las jubilaciones, lo obligan a recortarlos en otras áreas o elevar los impuestos. Esto puede mejorarse con la jubilación privada ya que el gasto lo asumen los trabajadores pagando sus propias pensiones en lugar de dejarlo en manos de las futuras generaciones.
Otro de los problemas que morigera el sistema de capitalización, es el que emerge al elevarse en las sociedades capitalistas el promedio de vida, pues conlleva a que sea cada vez más difícil aumentar adecuadamente las pensiones, si no se jubila a edades más avanzadas. El sistema privado es adecuado para compensar los bajos aportes del sistema público.
Dinamarca nos da un buen ejemplo: la jubilación pública cuenta con una pensión aceptable, y la mayoría, cerca del 95%, sin coacción por parte del gobierno, ha invertido en planes privados de pensiones. Además el 60 % aproximadamente de la población, entre 55 y 64 años, trabaja. Tiene un sistema de pensiones que satisface a todos los dinamarqueses.
Mientras no prospere la base ideológica que defienda ideas privatistas y aleje de los sindicatos, los partidos y el gobierno la idea de que el hombre debe estar incrustado en el estado, no habrá el consenso necesario para ganar la batalla en el Congreso.
La idea de Cristina es también la de buena parte de la sociedad que cree en la protección del estado, se siente segura si éste le dice que hacer con sus ahorros y su vida.
Esto lo saben los políticos y no son pocos los que aún sabiendo que el sistema de reparto no beneficia, por temor a las consecuencias electorales que le pueden acarrear decirlo, lo defienden o son muy tibios en patrocinar que la gente pueda optar.
Es curioso que la mayoría de los que se quedaron en las AFJP sean los que tienen más recursos. Evidentemente, son los que mejor saben donde colocar sus ahorros.
La solución que contentaría a todos es volver atrás: seguir con un sistema jubilatorio mixto como el que teníamos hasta hace unos días así los ahorristas pueden continuar decidiendo libremente como en todo sistema democrático.
Cristina con la violación de la propiedad privada, no promueve el ahorro. Los argentinos volvemos, coaccionados por el estado, a permitir que las pensiones no sean prudentemente invertidas ni eficientemente administradas como más de 50 años de la historia argentina lo demuestra.
En los diarios del viernes leí, con asombro, que ante la medida de un juez norteamericano de bloquear fondos de AFIP para que el Estado argentino no los use pues los reclama un fondo institucional de ése país por títulos de deuda soberana, nuestro gobierno le pide a las AFJP que se defiendan. Doña Cristina hace el desaguisado y le demanda a los perjudicados que tomen cartas en el delicado asunto que su irresponsabilidad provoca.
Si los diputados que votamos para que nos representen no ganan la batalla en el Congreso, demostrarán que piensan como Cristina: la jubilación no tiene ni debe ser un negocio. Yo agrego, el negocio es para el gobierno de turno: 30. 000 millones de dólares es lo que se engullirá el estado argentino al estatizar las AFJP.
Mientras tanto el aumento del riesgo país nos anuncia como se extiende a la par la incertidumbre. Ahora sí, nos podemos preguntar: ¿Adonde vamos a parar?
(Autora de “El Crepúsculo Argentino”. LUMIERE.2006)
evaleronarvaez@hotmail.com